quinta-feira, 11 de setembro de 2014

MADRE MARIA ANA ALBERDI

MADRE MARIA ANA ALBERDI

Traemos a “al margen” la figura de una mujer, Madre María Ana Alberdi, Monja Concepcionista, que a pesar pasar toda su vida en el Claustro, tiene un gran interés para cualquier persona.

“MADRE ENSÉÑAME A ORAR COMO LO HACÍAS TU”

Estas palabras las decía a lo largo de su vida y las vivió la Madre Mª Ana Alberdi.

Nació en Azcoitia (Guipúzcoa), el día 3 de mayo de 1912 y murió en Madrid el 27 de noviembre de 1998, a los 86 años de edad y 67 de profesión religiosa.

Fue hermana gemela de un hermano, que también se consagraría a Dios, ella como Concepcionista Franciscana, él como Jesuita misionero. Los dos dejaron tras de sí una huella imborrable de santidad.

Quedó huérfana con 7 años siendo acogida por unos tíos, que le procuraron una exquisita educación en un ambiente de amor y rectitud que influyó en ella toda su vida.

A los 19 años ingresó en el Monasterio de “La Latina” de Madrid, el 1 de octubre de 1931, acompañada de su amiga, Sor Mª Margarita Arrieta.

Era una joven de “esbelta figura”, con mirada limpia, que siempre conservó hasta el final de su larga y dilatada vida.

Después de sus diferentes etapas formativas, hace su Profesión Solemne el 4 de mayo de 1936, teniendo que abandonar el Monasterio con las demás religiosas a los pocos meses, 18 y 19 de julio de 1936, obligadas por el estallido de la guerra civil.

Pasado el conflicto bélico y una vez se pudo restablecer la vida común en el Monasterio, comenzará la etapa definitiva en la que la Madre Mª Ana forjará una vida de virtud cristiana, capaz de llevarla a esa vida de perfección que constataron todas cuantas personas tuvieron trato con ella, dentro de su propio Monasterio, monjas de otros Conventos y personas que la trataron por diferentes razones.

Muy joven ya se la confiaron cargos de máxima responsabilidad en el Monasterio y en la Orden, como es el caso de Maestra de Novicias, primero, y Abadesa un poco más tarde, estando al frente del Monasterio durante 34 años.

De carácter alegre abierto y firme, supo ir afianzando virtudes tan básicas que no siempre se encuentran en las personas a pesar de ello. La humildad, el espíritu de oración y de caridad, fueron motor de su vida para poder llevar adelante, de una forma abnegada y con gran sabiduría, todo el trabajo que a favor de la Orden tendría que afrontar. Pues, además de ser abadesa de su Monasterio, fue elegida durante 18 años, Presidenta de la Federación de Castilla de la Orden Concepcionista.

Su gran humildad le hacía creerse que no valía para las responsabilidades que le daban. Esta experiencia profunda se constata cuando fue elegida Maestra de Novicias; “se sentía incapaz de ocupar aquel puesto”, pero enseguida supo asumir todo lo que las Constituciones describen de la Maestra, y, manos a la obra, desempeñó el cargo educando a trabajar de con esfuerzo y sin tregua para conseguir el objetivo de lograr buenas monjas Concepcionistas.

La Madre Ana Alberdi fue una mujer, que la “esbelta figura” que mostraba a sus 19 años fue transformándose en el Señorío de Cristo que traslucen las personas cuando viven solo con Él y para Él.

En los múltiples e interesantes testimonios recogidos en el libro de su biografía: “La Madre Ana Alberdi, el encanto de la experiencia cristiana”, hay abundantes testimonios acerca de la vida y personalidad de la Madre Ana, y de ellos es fácil constatar este rasgo importante de su Señorío, tanto en el cuidado de su persona, como en sus modos de comportamiento o en las formas amables y agradables con los que se comunicaba con las personas.

Valga un solo testimonio para ilustrar lo que decimos: “Su persona infundía respeto y veneración por los gestos delicados que hacía y los modales educados y corteses que usaba”.

Su profunda vida espiritual fue madurando con el paso del tiempo, de forma que en los últimos años de su vida vivió una íntima unión con la Santísima Trinidad de la mano de la Virgen Inmaculada. Pasaba las mañanas en adoración al Santísimo siendo admiración de todas sus hermanas por la unción y el respeto con que se entregaba a la oración por la Iglesia, por todos los problemas humanos que conocía, por su Comunidad, por la Orden..., todo lo llevaba ante Jesús con el interés que siempre mostró por las personas y sus problemas.

Es lástima que en este primer acercamiento a la figura de la Madre María Ana Alberdi no dispongamos del espacio que requeriría ofrecer una semblanza más completa de su rica personalidad, pero no acabemos sin reseñar la forma heroica con que vivió particularmente su última enfermedad, de junio a noviembre de 1998, en la que dio testimonio de su unión con Cristo sufriente en la Cruz.

En su penosa enfermedad admiró a cuantos la trataron, tanto por su delicadeza y bondad como por no quejarse nunca de nada. En los momentos más difíciles llamaba a la Virgen para que la enseñara a amar, y a Jesús le decía: “enséñame que quieres de mi”.

Como se dijo más arriba, ella murió el 27 de noviembre de 1998, y a partir de ese acontecimiento las Hermanas de su Monasterio de “La Latina” no han dejado de recibir testimonios de las virtudes y vida de perfección de la Madre Ana, de forma que el Señor Cardenal Arzobispo de Madrid ha promulgado el decreto para la apertura de la causa de Beatificación y Canonización de la Madre Ana Alberdi.

Para quienes estén interesados en conocer más de esta importante figura cristiana del siglo XX, tan próxima a nosotros, pueden leer el libro antes citado, cuyos datos completos son:

La Madre Ana Alberdi, el encanto de la experiencia cristiana, de Ramón Alberdi, publicado en la editorial CCS, Madrid 2004.

Y para cualquier otra información: solicitar estampas, comunicar gracias o favores o aportar donativos para la Causa, pueden dirigirse a:

Madre Abadesa – Madres Concepcionistas “La Latina” –

Calle Toledo, 52 – 28005 Madrid – Teléfono 91 365 56 82

terça-feira, 2 de setembro de 2014

Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu

Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu

La Sierva de Dios Ángeles Sorazu Aizpurua nació el 22 de febrero de 1873 en Zumaya (Guipúzcoa), siendo bautizada al día siguiente, en la Parroquia de San Pedro, en su pueblo natal, recibiendo el nombre de Florencia. 

                                                 Vista panorámica de Zumaia y de su iglesia parroquial de san Pedro

   Retablo y ábside de dicha iglesia

Desde su más tierna infancia, la pequeña Florencia se ve adornada de gracias sobrenaturales que anuncian una predilección por parte de Dios. Florencia crece humana y espiritualmente, venciendo las dificultades y luchas propias de su edad; sin saberlo aún, camina hacia el descubrimiento de una vocación que la conducirá a formar parte de la Orden de la Inmaculada Concepción y que llevará a cabo en el Monasterio de La Concepción de Valladolid, donde ingresa el 26 de agosto de 1891. 

Fachada del Monasterio de La Concepción de Valladolid.

Cuando vista el hábito concepcionista tomará el nombre de sor Mª de los Ángeles, por su devoción a los Santos Ángeles, a quienes se encomienda con fervor. Emitirá su profesión solemne el 6 de octubre de 1892 y desde entonces se entregará con todo su ser a Jesucristo y a María Inmaculada, tomando a ésta por Reina, Superiora, Maestra, Directora y Madre. Una actitud la acompañó siempre: A partir del día que hice la consagración conté con la Stma. Virgen para todo. Sentía la imperiosa necesidad de ser toda de Dios en María.

Mientras nada extraordinario acontece a la vista exterior, sor Ángeles va creciendo interiormente, bebiendo su alimento espiritual en el Catecismo –al que tendrá singular estima- y en algunas lecturas, entre las que destaca la Mística Ciudad de Dios –obra de M. Mª de Jesús de Ágreda, concepcionista y escritora mística del s. XVI-. 

Mística Ciudad de Dios –obra de la venerable M. Mª de Jesús de Ágreda, concepcionista y escritora mística del s. XVI-. 

Un acontecimiento de especial importancia en su vida es el momento en el que descubre el libro de los Evangelios, primero, y la Sagrada Escritura, después.

En 1893 atraviesa una intensa purificación interior que ella vivirá apoyada en la Virgen María, su refugio y consuelo en este tiempo al mismo tiempo que su madre y maestra. La noche purificadora, vivida en heroica fidelidad y amor, la conducirá al desposorio espiritual que tendrá lugar el 25 de septiembre de 1894, fecha que celebrará todos los años durante toda su vida, como un momento singular de gracia y acercamiento a Dios.

El 21 de febrero de 1904 es elegida abadesa de la comunidad, cargo que desempeñará con notable acierto, influyendo grandemente en el crecimiento espiritual y material de la comunidad.

En julio de 1907 comienza una segunda purificación interior, más honda que la que viviera años atrás, que la dispone interiormente para el matrimonio espiritual, gracia que recibe el 10 de junio de 1911. Para esta fecha cuenta con el apoyo del que fuera el director espiritual que más influyó en el desarrollo de su vida interior, el P. Mariano de Vega, OFMCap. Gracias a él la Iglesia goza en la actualidad de la riqueza de los escritos espirituales de M. Sorazu.

Consumado el matrimonio espiritual, M. Ángeles vive aún diez años más, a lo largo de los cuales va dejando constancia de los aspectos de la vida de unión con Dios, su contemplación de la vida humana y divina de Jesucristo, los atributos divinos, la lectura y comentario de diversos pasajes bíblicos, especialmente el Ct que aplica a la Virgen María.

En la Navidad de 1920 hace unos ejercicios espirituales de cuarenta días con la intención de prepararse para la vida del cielo, según ella misma afirma. El 21 de marzo de 1921 confía a una de las religiosas más íntimas, que presiente cercana su muerte. Su salud se deteriora progresivamente. El 28 de agosto de 1921, expiraba tras haber compartido los padecimientos de Cristo, según ella tanto deseó y pidió en su oración.

Destellos de una luz divina

Más allá de unos datos biográficos, la figura de M. Ángeles trasciende la historia para transmitir un mensaje válido para los hombres y mujeres de todos los tiempos. A un siglo de distancia, su vida y sus escritos son testimonio y anuncio profético. Su experiencia, vivida en el asombro sereno que producen las cosas divinas y recogida sencillamente en unos pliegos de papel, pone en evidencia la existencia de Dios y desvela su rostro, al mismo tiempo que nos dice que no podemos permanecer indiferentes ante una realidad tan trascendente para el hombre como la presencia Dios mismo en la vida de cada hombre y mujer, y en el mundo entero, en medio de sus circunstancias y avatares.

M. Ángeles nos habla de un Dios que es Padre, que nos ama infinitamente, cuya bondad y misericordia superan todos los cálculos humanos.

El estilo con que M. Ángeles, enamorada de la verdad hasta el extremo, afrontó cada momento de su vida nos invita a eliminar de la nuestra todo engaño, vanidad o mentira para ponernos en la coherencia de quien deja iluminar su pensamiento por el Evangelio de Jesús para después actuar desde las convicciones de la fe.

M. Sorazu nos invita a apostar por Cristo, a arriesgarlo todo por Él, a elegir con decisión y coraje el camino de la santidad, concretándolo en la realidad de los quehaceres cotidianos, de las anécdotas de la convivencia diaria, en las múltiples ocasiones que nos proporciona la jornada para hacer visible el amor, desde las cosas más grandes –cargos y tareas personales o sociales- hasta los más mínimos detalles en los que podemos percibir, con ojos atentos y corazón fraterno, las necesidades de nuestros hermanos, en quienes Jesús nos espera para decirnos: «A mí me lo hiciste».

El ardor con que vivió enamorada de Jesucristo, hasta el «enjesusamiento» -como dirá ella misma- es una llamada elocuente a amar a Cristo apasionadamente, con una entrega incondicional que no conoce límites, cálculos o temores; que, dejándolo todo atrás se lanza hacia lo que está por venir, que estima basura todas las vanidades pasajeras de este mundo y cuyo único anhelo es la comunión con Cristo y con sus padecimientos, muriendo su misma muerte para participar en su vida gloriosa.
Sus escritos, brotados como fruto de su contemplación, nos anuncian los preciosos rostros que podemos descubrir en Cristo: Salvador, Buen Pastor, Esposo y amante enamorado, se embelesa ante Cristo Rey, Mediador y Abogado nuestro ante el Padre, queda prendada de un Corazón que rebosa misericordia y bondad, que se hace Camino, Verdad y Vida para nosotros, que por amor al género humano se encarnó, abrazó la Pasión y la Muerte, resucitó para introducirnos en su gloria y que prolonga su presencia real en la Eucaristía.

Sólo bajo el impulso del Espíritu Santo es posible vivir así. M. Ángeles nos habla del Espíritu de Dios como amor que purifica y enciende interiormente, que «volcaniza» -nos llega a decir en sus escritos-, que nos capacita para conocer y amar al Hijo y que, junto con el Hijo, nos eleva hasta el Padre y nos introduce en su intimidad.

Aparición de la Inmaculada Concepción de santa Beatriz de Silva (S. XV) con el mandato de su veneración y la fundación de la nueva orden mariana, Orden de la Inmaculada Concepción de María.

Y todo vivido con María Inmaculada, la Esposa por excelencia, la Madre que, introduciéndonos en su seno nos acerca a Cristo, que nos enseña a acogerle y seguirle con fidelidad y amor, que, a través del Rosario nos introduce en la contemplación de los misterios de su Hijo. La Madre que nos enseña a vivir como hijos en el Hijo amado y a ofrecerle nuestro corazón como morada perpetua, haciendo de él un templo vivo purificado y encendido por el fuego del Espíritu.

«Brillan los astros y se alegran. Él los llama y responden: “Aquí estamos” y brillan alegres para su Creador» (Bar 3, 34s). M. Ángeles es una de aquellas estrellas que Dios puso en el firmamento de la Iglesia que, llamada por Dios, hizo de su existencia un permanente “Aquí estoy” y hoy brilla alegre para su Creador. Si lo miramos atentamente nos contagiará algo de su resplandor y también nosotros escucharemos la voz del Padre que nos llama por nuestro propio nombre a brillar gozosos para nuestro Creador.

Santidad Concepcionista. En este arbol de representa los frutos de santidad que por mandato de la Santísima Virgen María a Santa Beatriz de Silva ordenó fundar la orden a ella dedicada para también tomar conciencia y  modelo a María, la "pobre" de Nazareth, que se fió de la Palabra de Dios y engendró al mismo Dios, tomando condición humana. Entre los frutos aparece la Sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu, las Venerables María de Jesús de Agreda y la de Puebla, la sierva de Dios Mª Dolores y Patrocinio (Sor Patrocinio) y otras,... sobre la ciudad de Toledo, ciudad que vió nacer y crecer la orden desde sus inicios.

Monjas concepcionistas franciscanas del convento de santa Úrsula de Alcalá de Henares (Madrid)

Monjas concepcionistas del convento de la Inmaculada Concepción y de santa Beatriz de Silva de Alcázar de san Juan (Ciudad Real).

Santa Beatriz de Silva junto a la sagrada Familia de Nazareth con la Bula papal de la fundación de la orden "Inter Universa" de Inocencio VIII en 1489. Y acompañada de las monjas santas y en camino de su reconocimiento eclesial. Quien porta el libro de la Ovejita de María es nuestra sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu,  y quien lleva el libro de la Mística Ciudad de Dios, nuestra Venerable María de Jesús de Ágreda, en primer plano, sor Reglita, novicia de velo blanco del convento del Fuente Maestre (Badajoz); junto a nuestra sierva de Dios Mª de los Ángeles Sorazu, a su derecha, la sierva de Dios Mª Dolores y Patrocinio (Sor Patrocinio) (Guadalajara) y acontinuación la sierva de Dios Mª Teresa de Jesús Romero Balmaseda del convento de Hinojosa del Duque (Córdoba).
Un libro recomendamos para conocer a nuestra concepcionista:
Su autora Mª Nuria Camps, es la presidente de la federación de Castilla de las concecpcionistas franciscanas y vive en la comunidad del protomonasterio de Toledo (España).

Oración:
Padre óptimo, Dios nuestro, dador de todos los dones e iluminador y santificador de nuestras vidas:
Tú, por la Inmaculada Madre de tu Hijo, derramaste maravillosamente las gracias de tu Espíritu Santo sobre tu sierva María de los Ángeles; si e stu voluntad, glorifica ante toda la Iglesia esta obra de poder y de tu amor y otórganos las gracias que te suplicamos por su intercesión. Por Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

Agradecen comuniquen las gracias recibidas a:

MM. Concepcionistas Franciscanas

Calle Concepción, 4
CP.47003, Valladolid
Valladolid, España983 350 568

http://idd0098d.eresmas.net/MSORAZU.HTM
http://angelesorazu.blogspot.com.es/

http://lasdiezvirgenessensatas.blogspot.pt/2014_04_01_archive.html