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quinta-feira, 3 de julho de 2014

Los devotos de sor María en EE UU instalan una estatua de la franciscana

 

Los devotos de sor María en EE UU instalan una estatua de la franciscana

La imagen de la Venerable en Nuevo Méjico.La imagen de la Venerable en Nuevo Méjico.

Actualizado 01/07/2014 18:11:22

En la peregrinación anual celebrada en Nuevo Méjico, medio centenar de personas viajan por los distintos lugares de evangelización ligados a la Madre Ágreda.

Ya son cuatro las peregrinaciones en honor a sor María de Jesús de Ágreda en la que devotos y fieles de la religiosa reconocen en Nuevo Méjico (Estados Unidos) la figura de la franciscana universal.

Así, este sábado pasado, en torno a 50 personas se dieron cita en la ciudad de Alburquerque para desplazarse a las antiguas misiones franciscanas en el Monumento Nacional de las Misiones de la nación Pueblo de Salinas.

La organización corrió a cargo del comité, que el doctor Henry Casso dirigió hasta su muerte, y ahora está presidido por Jerry Luján. Entre los miembros de esta comisión se encuentra el que fuese embajador norteamericano en España, Ed Romero.

A las 7.15, hora local, los peregrinos partieron de Alburquerque y se desplazaron a la misión de San Agustín en la ciudad de Isleta, donde les bendijo el párroco, padre Pavamkott, allí también recordaron al promotor de estas peregrinaciones, el doctor Casso. Una vez llegados a la misión de San Gregorio de Abo, a las nueve de la mañana, fueron recibidos por los responsables de la nueva imagen que allí se ha erigido. Una hora más tarde, dio comienzo una eucaristía presidida por el párroco de la ciudad de Mountainair, el padre Sena. Durante la celebración fue dada como inaugurada la escultura de la realizada por el artista local Reynaldo Rivera y se leyó la carta que la madre abadesa del convento concepcionista de Ágreda, sor María Vega, había enviado. Para finalizar, una de las participantes, Juanita Chávez informó sobre el grupo de lectura de la Mística Ciudad de Dios que dirige. A continuación, llevaron en procesión la escultura de Sor María al lugar donde quedó emplazada.

Después de un tiempo de descanso, hubo distintas presentaciones, la primera sobre la historia de las misiones por Marc Lefrancois; la segunda sobre el impacto de la Venerable en la nación Pueblo, por Frank Luján; la tercera sobre la presencia de la franciscana entre la nación jumana, a cargo de Enrique Madrid, y la última sobre las naciones Piro y Tompiro, impardia por Juan Benavidez. Durante este acto, se distribuyeron distintos recuerdos enviados desde el convento agredano y se dio por concluida la jornada con la oración que pide por la elevación de Sor María a los altares

Galería

Antigua misión de San Gregorio Abo.Antigua misión de San Gregorio Abo.

quinta-feira, 14 de novembro de 2013

Venerable María de Jesús de Ágreda

 

Venerable María de Jesús de Ágreda

Su infancia

Ágreda (Soria). En primer plano a la izquierda, el monasterio concepcionista.

Casa natal de sor María de Jesús en Ágreda (Soria).

     Como Ávila, Loyola o Liseux, Ágreda, una pequeña villa de la provincia de Soria, es un punto geográfico célebre en todo el mundo por una persona de extraordinarios destinos que lo ha inmortalizado. Esa figura excepcional es la Venerable Sor María de Jesús conocida, precisamente por el lugar de su nacimiento como María de Ágreda o,  también, como Madre Ágreda.
     Nace en Ágreda el 2 de abril de 1602, en la calle de las Agustinas. Sus padres se llamaban Francisco Coronel y Catalina de Arana. Concibieron 11 hijos, pero sólo cuatro sobrevivieron: Francisco, José, María y Jerónima.
     En su árbol genealógico se cruzaban diversas procedencias. Su madre, Doña Catalina de Arana era de ascendencia vasca, con documentos de hidalguía que hasta el día de hoy se conservan en el archivo de las MM. Concepcionistas de Ágreda, procedente de la villa vizcaína de Izurza. El padre, Don Francisco Coronel era natural de Ágreda.
     María de Jesús tuvo dos hermanos, Francisco y José. Ambos religiosos franciscanos. Como hermana, tuvo a Jerónima, que como ella, ingresó en la Concepción de Ágreda.
     Dotada de excepcionales cualidades, en su niñez se mostró como mujer apocada y llena de complejos que nadie sabía explicarse. El misterio de todo estaba en que muy precozmente empezó a actuar Dios en ella con fenómenos de iluminación interior que le revelaba su nada, la vanidad de todas las cosas creadas y el pecado que reinaba en el mundo. Aprendió pronto a leer, lo que le granjeó el respeto de sus padres y hermanos.
     A los 4 años de edad fue confirmada por el famoso obispo Mons. Yepes, biógrafo de santa Teresa de Ávila. A los 6 años recibió la primera comunión y a los 8 había hecho secretamente su voto de castidad.
     Ya a los 12 años se inclinaba por la vida religiosa; intentó ingresar en las carmelitas descalzas de Tarazona. Lo suyo eran, sin embargo, las concepcionistas franciscanas descalzas, influida, quizá, por los franciscanos del convento de san Julián, sitio a las afueras de Ágreda. Cuando tenía 13 años sus dos hermanos entraron franciscanos.

La gran decisión familiar

     Hacia el año 1615 los padres de sor María de Jesús, tomaron una decisión desconcertante para la población agredeña: Convertir el hogar doméstico en convento concepcionista. Todo sucedió de forma muy original: Catalina Arana había tenido una visión en que se le decía debía hacerse religiosa y convertir su casa en convento. Fue a consultar su revelación con su confesor que vivía en el convento franciscano de San Julián a extramuros de la Villa. Con increíble sorpresa, se le hizo encontradizo su propio confesor, en un lugar que todavía se señala en el término de los muros del Convento, que venía a hablarle de la visión que había tenido también él sobre la fundación querida por Dios. La cosa tenía todas las pruebas de origen divino.

Monasterio de la Purísima Concepción de Ágreda (Soria) donde vivió la futura santa.
     Ella y sus dos hijas, permanecerían en la casa familiar convertida en convento; el cabeza de familia ingresaría franciscano; los otros dos hijos ya habían optado por la vida religioso- franciscana. Hubo sus más y sus menos en el seno de la familia, y también en el vecindario, que consideraba tal sueño como un agravio al matrimonio. Al final, triunfó el proyecto;  y el 1 de marzo de 1618 se firma la escritura por la que los Coronel-Arana donan su hacienda para la nueva fundación.
     Catalina Arana y sus hijas decidieron que la familia religiosa a la que se había de confiar la nueva fundación había de ser la orden contemplativa de la Inmaculada Concepción, y de la rama estricta de las recoletas o descalzas. El 8 de diciembre se celebra la primera misa en el improvisado convento y el 13 de enero de 1619 toman el hábito concepcionista María Coronel (cambiando su nombre de pila en Sor María de Jesús), su hermana Jerónima y Catalina, su madre. Francisco Coronel ingresa en el convento franciscano de San Antonio de Nalda.
     Para abrir el proyectado monasterio y proceder a la erección canónica, vinieron del convento de San Luis de Burgos, tres religiosas concepcionistas que iniciaran a las aspirantes en el espíritu de santa Beatriz de Silva. La presencia de las monjas burgalesas en Ágreda duró cuatro años. Terminado el período de la formación de las primeras religiosas, regresaron a su monasterio de origen.
     Para dar nuevos vuelos al monasterio agredeño, llaman las nuevas profesas a otro grupo de tres monjas del monasterio del Caballero de Gracia en Madrid. Al cabo de otros cuatro años regresan también éstas a Madrid.
     El monasterio de Ágreda cuenta con suficientes elementos propios como para llevar adelante la plena observancia de la vida concepcionista recoleta.

La religiosa

María de Jesús de Ágreda. Maximino Peña

     En 1620 hace la profesión y comienza toda la trayectoria de su vida mística, marcada también por la enfermedad, la tentación y otros "trabajos".
     La vida de la M. Ágreda es impensable sin el marco de la clausura concepcionista. La orden de santa Beatriz la orientó hacia el misterio central de la Inmaculada Concepción, que había de ejercer en toda su vida una fascinación humanamente inexplicable.
     La inexorable reclusión de la vida enclaustrada encauzó la fuerza poderosa de su inteligencia y de su voluntad hacia un crecimiento en dirección vertical. La estrechez del monasterio primero, reducido a los muros de la casa paterna, lanzó a la adolescente María de Jesús a una vida de superior expansión hacia la mística. Sus primeros años de religiosa se ven marcados por fenómenos religioso-místicos paranormales: éxtasis, raptos, arrobos, ingravidez....
    Comenzó esta etapa a los 18 años aproximadamente. La forma que los trances místicos revistieron era la del éxtasis. La joven concepcionista permanecía inmóvil e insensible por espacio de dos o tres horas. El éxtasis venía acompañado de la levitación. Se elevaba sobre el pavimento y adquiría una levedad tan pasmosa, que un pequeño soplo podía mover en uno y otro sentido la masa ingrávida de su cuerpo. Se enardecía su rostro hasta tomar la forma de un verdadero serafín. Y estos arrobos llegaron a más del millar. Su confesor -Juan de Torrecilla- los divulgó indiscretamenete y las mojas fomentaban la publicidad. Mucha gente acudía verla en tal estado, el fenómeno duró hasta 1623: "fui al Señor- nos dice- y postrada ante su Ser inmutable, le dije que no me había de levantar hasta que me concediese quitarme todas las exteiroridades."  A petición de la propia Venerable, Antonio de Villalacre, ministro provincial de Castilla (1620-1623), terció en el problema para poner fin a semejante exhibición.
     Mas la cesación de las exterioridades trae una concentración de lo sobrenatural en el interior de la monja, la cual empieza a vivir unos fenómenos únicos de bilocación que le hacen actuar a distancia de miles de kilómetros.
     El año 1627, a sus 25 años, es elegida abadesa, cargo en el que perduraría hasta su muerte, exceptuando el trienio 1652-1655. ¡35 años en total!. Su talante fué -al parecer- la prudencia, la eficacia, la suavidad, sin caer en la blandura. Facetas altamente simpáticas de su personalidad son la naturalidad, la sencillez, el carácter humano y afectuoso...
     Su vida espiritual se desarrolló en tres etapas, a las que ella llamaba noviciados: la imitación de la Virgen María, la imitación de Cristo y la entrega de sí misma a Dios; cada uno de los procesos los ratificaba mediante una especia de profesión. Desarrolló principalmente las virtudes de ciencia, prudencia, mansedumbre, fe y penitencia.

La Dama de Azul

Evangelizando en Nuevo México, sin haber salido de su monasterio soriano. Dios la concedió el don de la bilocación, es decir, permanece por un tiempo en dos lugares diferentes con una misión cada una.

     Sor María de Jesús, tenía un gran celo por “salvar almas para el Señor”; desde su más tierna edad, Dios le concedió tener una visión del alma en gracia santificante y del alma en pecado mortal que marcó totalmente su vida, desde ese momento María Coronel Arana ya no sería la misma. A partir de allí, su espíritu se encumbraría a buscar sólo a satisfacer a su Amado, a entregarse por entera a Él.
     El Señor le favoreció con fenómenos exteriores, pero todos estos fenómenos místicos extraordinarios cesaron, para dar paso a una concentración de lo sobrenatural en su interior, el cual se manifestó con el fenómeno único de la bilocación que le hacía actuar a distancia de miles de kilómetros en las tierras americanas de Nuevo México. Era el año 1622. Sor María tenía sólo 20 años.
     La bilocación que trasladó a Sor María desde su retiro de Ágreda sobre el Atlántico hasta América fue en su tiempo algo que causó el más grande estupor, no sólo en España sino en las mismas Indias, donde ha perdurado hasta nuestros días la fama de la dama azul del Oeste que evangelizara vasta zonas de Nuevo México.
     Los obstáculos a la acción de los misioneros eran duros. Ante todo la hostilidad de las tribus indígenas, luego la dificultad de las lenguas autóctonas- diferentes y extrañas en su estructura-, las grandes distancias, etc. Es cuando se inician las inexplicables actuaciones de la legendaria “dama de azul” que prepara a los indios a la recepción del bautismo.
    De estos sucesos dejó ella misma una narración: "Paréceme que un día, después de haber recibido a nuestro Señor, me mostró Su Majestad todo el mundo, y conocí la variedad de cosas criadas; cuán admirable es el Señor en la universidad de la tierra; mostrábame con mucha claridad la multitud de criaturas y almas que había, y entre ellas cúan pocas que profesasen lo puro de la fe, y que entrasen por la puerta del bautismo a ser hijos de la santa Iglesia. Dividíase el corazón de ver que la copiosa redención no cayese sino sobre tan pocos. Conocía cumplido lo del Evangelio, que son muchos los llamados y pocos los escogidos...
     Entre tanta variedad de los que no profesaban y confesaban la fe, me declaró que la parte de criaturas que tenían mejor disposición para convertirse, y a que más su misericordia se inclinaba, eran los del Nuevo México y otros reinos remotos de hacia aquella parte. Él manifestarme el Altísimo su voluntad en esto, fue mover mi ánimo con nuevos afectos de amor de Dios y del prójimo, y a clamar de lo íntimo de mi alma por aquellas almas.”
Era el ardor misionero de Sor María de Jesús.
    Desde el año 1622 al 1625 se hizo presente, como evangelizadora, lo menos 500 veces -dice en las primeras declaraciones- en las provincias de Quiviras, Jumanas y otras zonas de Nuevo México (actualmente estas zonas se encuentran ubicadas en los estados de Nuevo México, Texas y Arizona de los Estados Unidos de Norteamérica) hasta que la fama que iban adquiriendo tales hechos le aconsejó pedir a Dios que cesaran estos dones, cosa que consiguió. Los indígenas le llamaban "la dama de azul", por el manto celeste de concepcionista que llevaba. Predicó a muchos el Evangelio y hasta sufrió una especie de martirio. Por entonces ya había misioneros franciscanos en aquellas regiones. Y sugirió a los indios que se presentaran a los misioneros para que, una vez evangelizados, toda la región pudiera recibir el bautismo. Se asombraron los misioneros de ver tanta gente dispuesta y comenzaron a indagar dónde podría vivir aquella "dama de azul" que decían los nativos.
     El año 1630 Alonso Benavides vino a España, se dirigió al ministro general de los Frailes menores, Bernardino de Sena, y le refirió aquella historia de la evangelización de Nuevo México. Y como ya la conocía por otras referencias, le envió al convento de la Purísima Concepción de Ágreda para que comprobase la veracidad de tales revelaciones. Benavides atestiguó que la "dama de azul" no era otra que María de Ágreda y así lo consignó en sus memorias.
     De estas bilocaciones se hizo un doble proceso de la Inquisición en los años 1635 y 1650.
     Sor María de Jesús de Ágreda no sólo fue misionera ella, sino que fue sembradora de inquietudes misionales e inspiradora de vocaciones de grandes y santos misioneros. Conocemos del Beato  Junípero Serra (1713-1784), el gran evangelizador y colonizador de California (EE.UU.), que llevaba siempre consigo la Mística Ciudad de Dios y que él continuaría en California, la obra comenzada por Madre Ágreda en Nuevo México. El Venerable José de Carabantes, (Fr. José Velázquez Fresnada, 1628-1694, cuya causa de beatificación se introdujo en 1910), debe su vocación misionera a María de Ágreda, quien le orientó e inculcó este gran servicio a Dios, al ir éste a consultarle sobre la voluntad del Señor en su vida; su misión se desarrollo en Cumaná (Venezuela).  Fr.  Antonio Margil de Jesús (1657-1726), evangelizador de México, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y Texas, solía leer cada noche un capítulo de la Mística Ciudad de Dios.
     En nuestros días María de Ágreda continúa inspirando la labor misionera en la Iglesia Católica. Hace más de 50 años el Padre James Flanagan, un sacerdote de la Arquidiócesis de Boston,  leyó la versión en Inglés de la Mística Ciudad de Dios. Influenciado por el Evangelio y el libro de la MCD, fundó junto con el Padre John McHugh, la Sociedad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, SOLT (por sus siglas en Inglés) oficialmente el 16 de Julio de 1958 en la Arquidiócesis de Santa Fe en Nuevo México. Desde su inicio ha tenido muchos seguidores, y actualmente esta Sociedad Apostólica expande su labor misionera en parte de América, Europa, Asia y Oceanía.
    El Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Monseñor Ángelo Amato, en una visita no oficial al Monasterio de Sor María de Jesús,  recalcó  ésta faceta misionera de la Madre Ágreda y exhortó a los feligreses a ser misioneros en el estado o vocación en la cual cada uno ha sido llamado por Dios.
     La Dama  de Azul sigue viva en el corazón de sus fieles devotos, quienes le profesan una gran devoción, no por lo “extraordinario o sobrenatural” de sus bilocaciones, sino por el amor con que anunció y sigue anunciando el Evangelio: “las maravillas que Dios hace con los hombres”(Sal 106).

La abadesa

A Preladinha

     Sor María de Jesús fue nombrada abadesa el 19 de marzo de 1627, luego de que regresaran a Madrid las monjas fundadoras del convento del Caballero de Gracia; por no haber cumplido aún los 25 años de edad, hubo de pedir dispensa papal.
     Al ser nombrada abadesa, cargo que, Madre Ágreda, aceptó porque la obediencia se lo imponía,  lo primero que hizo fue colocar en la silla principal del coro (capilla del convento) una imagen de nuestra Señora de la Concepción, a quien llamó Abadesa y Superiora del monasterio, reservándose para sí el título de vicaría y sustituta.  Puso a los pies de la imagen de la Virgen, como signo de ser su “Prelada” el libro de la Regla y Constitución de la Orden y el sello del convento, es por ésta razón por la que, a esta imagen, le llaman cariñosamente las religiosas “La Preladita”.
    También, se comienza la edificación del nuevo monasterio a las afueras de la Villa, aunque si bien es cierto que, ya desde 1624, se contaba con el terreno, la construcción comenzó cuando Madre Ágreda asume el cargo de abadesa. Aunque con medios escasos, la obra duró sólo siete años, ya el 10 de junio de 1633, con “gran regocijo de la Villa” se trasladaron las religiosas de la antigua casona al nuevo monasterio. Todos se admiraban de ver cómo “una pobre religiosa, descalza y tan destituida de medios humanos emprendiese y concluyese  en tan pocos años una fábrica tan grande como un convento e iglesia, todo de planta y de los más aliñados y curiosos que puede decirse...” María de Ágreda era una mujer de grandes obras a pesar de que ella siempre quiso estar oculta en la soledad de su celda.
     En el año 1652 se llevó a cabo la fundación del Monasterio de la Concepción de Borja, la Madre Ágreda escribía animando y consolando a las cuatro hermanas fundadoras para que siguieran adelante la obra comenzada por el Señor. El  monasterio de Tafalla, actualmente en Huarte (Pamplona), y el monasterio de Estella, en Navarra, se fundaron después de la muerte de Sor María de Jesús en los años de 1671 y 1731, respectivamente, por la gran devoción que profesaban las fundadoras a la Madre Ágreda.
     Pero, veamos un poco el talante de Sor María de Jesús como abadesa. El ser nombrada abadesa representó para ella tal quebranto, temor, humildad y confusión, que no cesaba de llorar, y siempre que recordaba que lo era, lloraba y se afligía. No obstante, gobernó con celo, observancia, discreción y prudencia; los frutos se veían en: una  comunidad llena de fervor espiritual y provista en sus necesidades materiales.
     Una de las mayores preocupaciones de Madre Ágreda, fue el cuidado espiritual de sus religiosas; esto le hacía sufrir muchísimo porque ella deseaba que todas llegaran a una unión espiritual con Dios, no por vanagloria, sino por el bien de sus almas:  “El mayor trabajo de mi oficio, escribe Sor María, es que mis deseos de la perfección de las religiosas exceden  a lo que ellas pueden obrar, y que yo las quiero regular y medir con la luz, doctrina y enseñanza altísima que el Señor me ha dado.” “Y como no es posible conseguirlo, y soy vehemente en los afectos, vivo crucificada, lastimada” “Sólo me podía consolar o detener el que eran mejores que yo, y que en todo me llevan ventajas; pero la caridad y celo, no sé qué se tiene que no se sosiega por el servicio de Dios y bien del prójimo.” Por eso no perdía ocasión de amonestarlas con pláticas, doctrinas; les hacía desafíos después que salían de los ejercicios espirituales para enfervorizarlas. Aprovechaba las conferencias, la recreación, para estimularlas a la practica de las virtudes, especialmente de la caridad para con Dios y con el prójimo. Escribió muchos avisos para que adelantasen en la santidad; y, sobre todo, pasaba muchas noches en oración pidiendo a Dios no permitiese que ninguna de las religiosas jamás se desviase del camino de la virtud.
     Con el mismo celo de la salvación de las almas las asistía estando enfermas o próximas a morir. Visitaba y consolaba a las enfermas y procuraba que nada les faltase. Ella misma las alimentaba, las curaba y limpiaba. A las que estaban en el artículo de la muerte, además de asegurarse que les fueran suministrados los Sacramentos, les asistía continuamente en su cabecera, encendiéndolas en amor de Dios y contrición de sus culpas, para que tuvieran grandes deseos de ver al Señor y gozarle en la patria celestial.
     Y por último, en la distribución de los oficios nunca miraba a las personas sino a los meritos. Sin acepción de personas daba los cargos a aquellas religiosas que en presencia de Dios creía más convenientes, hasta tal punto se portó con igualdad que jamás hubo ninguna murmuración por parte de las religiosas.
     La Madre Ágreda dirigió la comunidad y el monasterio de tal manera, que ocupó el cargo de abadesa durante diez años por nombramiento directo de los Superiores Religiosos y, luego desde que en 1638, se le concediese a la comunidad derecho de elección, fue elegida trienio tras trienio hasta su muerte (1665). Sólo se interrumpió la cadena para el trienio 1652-1655, en el que ella misma consiguió del Nuncio, Julio Rospigliosi, que se negase la dispensa de la reelección.

La Escritora

     En los siglos XVI y XVII, la sociedad era contraria a que una mujer escribiera, mejor dicho, las mujeres tenían pocas oportunidades para expresarse y su condición estaba por muy debajo de la figura masculina. El convento a pesar de que, las religiosas, estuviesen sujetas a ciertos controles y a la autoridad de sus superiores o confesores, ofrecía un lugar ideal para desarrollar y cultivar las cualidades literarias y culturales. Uno de los casos más destacados del siglo XVI, fue santa Teresa de Jesús de Ávila, insigne escritora castellana. Esta mujer tomó la pluma y plasmó con ella destacadas obras de la mística y, sobre todo, con su autobiografía, la Santa de Ávila fue modelo y ejemplo para muchas otras figuras femeninas. Sor María de  Jesús de Ágreda fue una de éstas.
     Sor María de Jesús está considerada dentro de las primeras escritoras españolas, tanto en el campo de la mística como en la literatura. En  el año 1726, la Real Academia Española incluyó a Sor María en el primer Diccionario de Autoridades. A decir de Emilia Pardo Bazán: “La Venerable de Ágreda merece figurar entre nuestros clásicos por la limpieza, fuerza y elegancia de la dicción; entre nuestros teólogos por la copia y alteza de la doctrina; entre nuestros escriturarios por la lucidez de la interpretación.”
     La M. Ágreda, fue una mujer con una inteligencia luminosa y, sobre todo, con un corazón apasionado, profundamente enamorado de Dios, esto lo vemos plasmado en todos sus escritos, hasta en las cartas dirigidas al  Rey Felipe IV.  Fue una escritora fecundísima, autora de una serie de obras y cartas de diversos matices, algunos con enseñanzas admirables de política, siempre con un sentido completamente cristiano y moderno. Otras con contenido místico, donde se pueden ver sus méritos de escritora mística, de fuerza, inspiración, de virtud creadora. Esto se debió en parte a que, a medida en que  María de Ágreda fue evolucionando en las diferentes etapas de la vida espiritual y mística, sus escritos iban adquiriendo más madurez. Por ejemplo, sus primeros escritos son de un estilo más juvenil, más vivos, más sencillos, más expresivos; si bien exponen ya las ideas y frases con el orden admirable de su “varonil”  y disciplinado entendimiento.
     Sin embargo, Sor María no es una escritora por el sólo hecho de serlo, es decir, la mayoría de sus escritos, fueron redactados por la obediencia de la Madre Ágreda a sus confesores y directores espirituales y por supuesto, por mandato divino. Muchos de sus grandes obras, no hubiesen existido sino es porque Sor María veía en los mandatos de sus confesores la voluntad de Dios, por lo cual no podía resistirse a las órdenes de sus prelados. Ella, misma nos lo dice en su más destacada y gran obra, la Mística Ciudad de Dios:
“Esta divina Historia, como en toda ella queda repetido, dejo escrita por la obediencia de mis prelados y confesores que gobiernan mi alma, asegurándome por este medio ser voluntad de Dios que la escribiese y que obedeciese a su beatísima Madre, que por muchos años me lo ha mandado; y aunque toda la he puesto a la censura y juicio de mis confesores, sin haber palabra que no la hayan visto y conferido conmigo, con todo eso lo sujeto de nuevo a su mejor sentir y sobre todo a la enmienda y corrección de la Santa Iglesia católica romana, a cuya censura y enseñanza, como hija suya, protesto estar sujeta, para creer y tener sólo aquello que la misma a  santa Iglesia nuestra Madre aprobare y creyere y para reprobar lo que reprobare, porque en esta obediencia quiero vivir y morir. Amén.”
     Según los entendidos en la materia, estas características de escribir por mandato divino y en obediencia a los confesores, era común en la época debido a la condición de inferioridad en las que se encontraba la mujer, esto le confería cierta autoridad a su escritura.
     Sin embargo, “la escritura de María de Ágreda entra, como toda su vida, en el mismo proceso de obediencia radical. Para ella escribir fue una de sus principales penitencias.” (François Bonfils). Esto se ve palpable en la Mística Ciudad de Dios. Sor María, se resistió por espacio de diez años a escribir esta obra, en cuanto hubo escrito la primera versión, por obediencia a un confesor anciano, decididamente contrario a que las mujeres se pusieran a escribir de cosas teológicas, quemó todo el manuscrito. Sólo doce años después, por mandato de otro confesor, el P. Andrés de Fuenmayor, emprendió bajo su obediencia, la segunda redacción de la vida de la Virgen, en torno al año 1655, quedando concluida el 6 de mayo de 1660.
     María Coronel Arana, es también, una escritora que investiga los temas que va a tratar; que pregunta, que no se queda con las dudas. Como lo haría cualquier escritor contemporáneo. Poseía una bibliografía abundante, que aún se conserva en su monasterio. Es una escritora que habla de lo que sucede en su época y de las corrientes que están en boga en el tiempo en que le toca vivir. No podría ser de otra manera, cualquier escritor está influenciado por su entorno, de ahí que en ocasiones resulte un poco difícil leer a esta mujer, pues, Sor María de Jesús, vivió en el Barroco. Una de las características más comunes en la literatura del Barroco era escribir con estilo elegante, “sublime”, por esto el lenguaje que utiliza María de  Ágreda en sus escritos suele ser muy elevado y muy adornado, tal como sucede con el arte del Barroco.
     Pero, si quitamos todo ese ropaje del Barroco, nos encontraremos con páginas hermosas, llenas de mensajes que hablan al corazón y cantan las más bellas alabanzas al Señor y a la Virgen María.  Es lo único que quiso Sor María, glorificar a su Creador y honrar a María Inmaculada. Y para ello sus escritos fueron una fuente arrolladora. Quiera Dios que el lector de sus obras se acerque a ellas no sólo buscando conocer a esta mujer sino también buscando conocer a Aquel que fue su máxima inspiración.
     Para finalizar, reproducimos textualmente unas palabras que escribió el P. Andrés Ocerín Jáuregui, en ocasión al III Centenario de Sor María de Jesús de Ágreda en 1902, publicadas en Tarazona. El P. Ocerín nos describe hermosamente algunas de las características del estilo literario de dos mujeres que son grandes místicas y escritoras españolas.
     “Cada autor imprime en sus escritos el sello propio que suele revelarnos, no solamente el carácter moral, sino también la constitución física, la educación, y aun la clase de vida que ha llevado: y así Santa Teresa y María de Jesús hacen del papel el confidente de sus almas, a él confían sus secretos más íntimos, le explican los más delicados sentimientos del corazón y en él nos dejan el fiel retrató de su gran espíritu.
     Teresa es la personificación del amor espiritual que abrasa, que ciega, que vuela, que prorrumpe en fuertes gemidos así que pierde de vista a su Amado, que se alboroza y salta de alegría al encontrarle.
     Sor María de Ágreda es la encarnación del amor que alienta, que discurre, que anda siempre reflexivo, pausado y quieto, que se adormece en la dicha, que languidece en la contrariedad: María es el ángel temporalmente desterrado del Cielo, que alaba y abraza a Dios en poseyéndolo, y suspira como tórtola al perderle de vista.
     Teresa ve a Dios y quiere poseerle. Sor María lo ve y quiere ganarlo. María de Jesús para gozar a Cristo, quiere imitarle, y para esto se mortifica. Teresa va a la mortificación para estar unida con él. María de Ágreda va en busca de Jesús. Teresa le sale al encuentro. María le adora. Teresa le abraza. María reza. Teresa canta. Ésta es más alegre; María más grave y severa. Ésta es más retirada y silenciosa; Teresa más resuelta. María ha estudiado el mundo; Teresa lo ha sorprendido. Teresa tiene más sentimiento; María más entendimiento. Teresa es una mujer sin igual; María es un hombre por su rara madurez y gravedad.
     En sus escritos, como en sus caracteres, Teresa es apasionada, impetuosa, agitada y traviesa; Sor María es reposada sin abandono, activa sin agitación, afanosa sin inquietud.
     Sor María discurre, convence, persuade y agrada; Teresa seduce y arrastra. María es filósofa y teóloga eminente; Teresa es más poeta: de aquí es que hallamos en sus obras interrupciones sin cuento, da rienda suelta a la imaginación y pasa a lo mejor de una explicación filosófica a una poesía vehemente; parece que nada le importan el método, el orden y el estilo, y, sin embargo, sus escritos resultan hermosos sin comparación; siente y escribe. María de Ágreda mantiene, en cambio, un orden perfecto, pasa de un punto a otro, demostrando de antemano la trabazón que mutuamente mantiene; analiza el valor de las palabras con todo cuidado, y, a pesar de ser más científica, sabe dar amenidad, curiosidad y una hermosura sin igual a sus libros. María de Jesús siente, pero antes de escribir medita.”

La Consejera

Felipe IV, rey de España, de quien recibió consejos de sor María de Jesús

     Otra faceta de Sor María de Jesús de las que se ha escrito muchísimo y, ha sido tema de largas ponencias y debates, es la de Consejera, especialmente, la que ejerció en favor del rey Felipe IV, si bien no se limita sólo a este personaje.
     El 10 de julio de 1643, en Ágreda, se presentó por primera vez, nada menos que, el rey de España, Felipe IV. María Coronel Arana contaba 41 años de edad, y el Rey hacía pocos meses que se había desprendido del valido Conde-Duque de Olivares que por espacio de 20 años había dirigido toda su política.  Por causa de la sublevación de Cataluña, el Rey se vio obligado a visitar a los escenarios de la guerra; y es así, como en ruta a Zaragoza quiso desviarse a Ágreda para conocer a Sor María. Tras el encuentro histórico se inicia una profunda estima y amistad entre el Rey y María de Ágreda, que tendría para ésta,  el sentido de una responsabilidad apostólica de nuevo tipo. En efecto, desde el primer momento, Sor María asumió el peso de una singular protección sobrenatural sobre la casa real española.
     Felipe IV deja dicho a la Madre Ágreda que le escribiera: “Pasó por este lugar y entró en nuestro convento el rey nuestro Señor, a 10 de Julio de 1643, y dejóme mandado que le escribiese”, escribe Sor María. Esta correspondencia epistolar durará 22 años, hasta la muerte de María de Ágreda (1665). Fueron 618 cartas entre ambos en total. La primera carta escrita por Sor María lleva fecha de 16 de julio; y la primera del Rey es del 4 de octubre de 1643.
    En el primer encuentro la Abadesa habló ya al rey de la Mística Ciudad de Dios, pues estaba redactando la primera versión de la misma. Luego, el 19 de abril de 1646 pasó nuevamente por Ágreda el Soberano con su hijo, el príncipe Baltasar Carlos, y después de la muerte de éste, pasó por tercera y última vez, a visitar a Sor María, el 5 de noviembre del mismo año.
     Con  respecto a la influencia que ejerció Sor Maria de Jesús sobre el Rey Felipe IV, Francisco Silvela, nos dice lo siguiente:
      “Permaneció (Sor María) ajena á toda intriga ó personal ingerencia en sucesos políticos, á despecho de las facilidades que le brindaron las circunstancias, y de los intentos que para utilizar su influencia sobre el ánimo del Rey descubren, en más de una ocasión, amigos y allegados.
     Apenas se encuentra en el personaje histórico á la mujer, con vida propia, con personales aspiraciones de secta ó de peculiar interés ó pensamiento, como acostumbran tener todos aquellos, que con fines diversos, influyen en la dirección política de las sociedades; era la pura encarnación de la doctrina cristiana, aplicada al gobierno del pueblo español en el siglo XVII, el órgano de una inspiración que debía pasar de Dios al Rey, conmoviendo su alma, y dirigiendo su pluma, sin poner ella otra labor propia, que su pureza de intención y vida, para servir como menudo instrumento á los fines eternos de Dios y su Iglesia, que debían ser secundados por una Monarquía sujeta á los preceptos del Evangelio, en sus medios y en sus fines, y destinada, en primer término, á defender la verdad católica, y conservarla
.”
     Y es que para Sor María su misión principal era infundir ánimos en el Rey, así como fortalecer la voluntad y la conciencia del Soberano y, por supuesto, le movía el celo por salvar el alma del Felipe IV y de toda la Monarquía. No podía haber en ella doblez de corazón.
    Además de la casa real española entró en contacto con la nobleza de países europeos como Francia, Alemania, Italia y América.
    Sor María de Jesús también mantuvo correspondencia con el Virrey Don Fernando de Borja y otros elevados personajes de Zaragoza y de Aragón. El Papa  Alejandro VII le quedó muy reconocido por la carta que le dirigió. El Nuncio de S.S. Julio Rospigliosi, futuro Papa Clemente IX, visitó personalmente a Sor María, de la cual fue un sincero admirador. Obispos, arzobispos, cardenales, eran corresponsales suyos o confidentes espirituales. Acuden a ella teólogos y hasta el General de la Orden de la Merced.
     Pero, Sor María de Jesús no sólo fue confidente o consejera de personajes importantes, no. Al torno de su convento se acercaban todo tipo de personas, pobres, necesitados, mujeres, mendigos, etc., ninguna de estas personas se alejaban sin  un consuelo, sin una palabra de aliento sin una ayuda espiritual o bien material de nuestra Madre Ágreda, pues la caridad era su principal virtud y el celo por los pobres y los necesitados, su bandera. Y es que esta mujer es como ella misma dice: “una indigna sierva del Señor” que sólo deseaba servir a su santo Creador.

Cuerpo incorrupto de la Sierva de Dios María de Jesús de Ágreda que se conserva en su monasterio de MM. concepcionistas.

Para más información, reliquias, estampas, biografías, boletines o conseguir ejemplares de “La mística ciudad de Dios”:

MM Concepcionistas Franciscanas

Monasterio de la Purísima Concepción
C/ Vozmediano 27
42100 Ágreda (Soria)
Telf. 976 64 70 95

Web: http://www.mariadeagreda.org

las diez vírgenes sensatas: Venerable María de Jesús de Ágreda

Sor María de Agreda.....evangelizadora

 

Sor María de Agreda.....evangelizadora

¿Quién fue?


     Sor María de Jesús de Ágreda

, fue una de las grandes figuras del siglo XVII, el llamado “Siglo de Oro del Barroco"; un siglo también marcado por la decadencia y la crisis generalizada, de la cual España no escapó.  Sin embargo, esto no fue obstáculo para que el Señor Dios hiciera su obra en la Madre Ágreda.
     Esta mujer humilde, sencilla, tímida, de escasos estudios; llegaría a ser con el tiempo: consejera de grandes figuras, entre ellas el rey Felipe IV; evangelizadora sin salir de su convento; mística, abadesa, gran escritora, su obra más conocida es la Mística Ciudad de Dios, en la que narra la historia de la vida de la Virgen María; también escribió otras obras, como su Autobiografía, El Jardín Espiritual, Las Sabatinas, una especie de diario espiritual, y otras tantas obras más.
     Pero, Sor María de Jesús de Ágreda fue, sobre todo, una mujer enamorada de Dios; en toda su vida lo único que deseaba era hacer lo agradable a los ojos del Señor Altísimo, y para esto la Virgen María, en su misterio de la Inmaculada Concepción sería su modelo a seguir. Diría Sor María a la Virgen: “Madre, Señora y dueña mía, mándame como reina, enséñame como maestra, corrígeme como Madre.”  Hacer la voluntad de Dios era su delicia y para esto se serviría de las doctrinas que le daba la Virgen María al escribir la Mística Ciudad de Dios. Otra manifestación de su gran amor a Dios era su amor al prójimo y de ahí su gran preocupación de que “todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento pleno de la verdad ” (1 Tm 2,4 )


Su infancia

Su infancia

Su infancia

Casa Natal de Sor Maria de Jesús de Ágreda

 

     Como Ávila, Loyola o Liseux, Ágreda, una pequeña villa de la provincia de Soria, es un punto geográfico célebre en todo el mundo por una persona de extraordinarios destinos que lo ha inmortalizado. Esa figura excepcional es la Venerable Sor María de Jesús conocida, precisamente por el lugar de su nacimiento como María de Ágreda o,  también, como Madre Ágreda.
     Nace en Ágreda el 2 de abril de 1602, en la calle de las Agustinas. Sus padres se llamaban Francisco Coronel y Catalina de Arana. Concibieron 11 hijos, pero sólo cuatro sobrevivieron: Francisco, José, María y Jerónima.
     En su árbol genealógico se cruzaban diversas procedencias. Su madre, Doña Catalina de Arana era de ascendencia vasca, con documentos de hidalguía que hasta el día de hoy se conservan en el archivo de las MM. Concepcionistas de Ágreda, procedente de la villa vizcaína de Izurza. El padre, Don Francisco Coronel era natural de Ágreda.
     María de Jesús tuvo dos hermanos, Francisco y José. Ambos religiosos franciscanos. Como hermana, tuvo a Jerónima, que como ella, ingresó en la Concepción de Ágreda.
     Dotada de excepcionales cualidades, en su niñez se mostró como mujer apocada y llena de complejos que nadie sabía explicarse. El misterio de todo estaba en que muy precozmente empezó a actuar Dios en ella con fenómenos de iluminación interior que le revelaba su nada, la vanidad de todas las cosas creadas y el pecado que reinaba en el mundo. Aprendió pronto a leer, lo que le granjeó el respeto de sus padres y hermanos.
     A los 4 años de edad fue confirmada por el famoso obispo Mons. Yepes, biógrafo de santa Teresa de Ávila. A los 6 años recibió la primera comunión y a los 8 había hecho secretamente su voto de castidad.
     Ya a los 12 años se inclinaba por la vida religiosa; intentó ingresar en las carmelitas descalzas de Tarazona. Lo suyo eran, sin embargo, las concepcionistas franciscanas descalzas, influida, quizá, por los franciscanos del convento de san Julián, sitio a las afueras de Ágreda. Cuando tenía 13 años sus dos hermanos entraron franciscanos.

La gran decisión familiar

La gran decisión familiar

Lienzo familia Coronel-Arana, por Valentín Zubiaurre, 1892

 

     Hacia el año 1615 los padres de sor María de Jesús, tomaron una decisión desconcertante para la población agredeña: Convertir el hogar doméstico en convento concepcionista. Todo sucedió de forma muy original: Catalina Arana había tenido una visión en que se le decía debía hacerse religiosa y convertir su casa en convento. Fue a consultar su revelación con su confesor que vivía en el convento franciscano de San Julián a extramuros de la Villa. Con increíble sorpresa, se le hizo encontradizo su propio confesor, en un lugar que todavía se señala en el término de los muros del Convento, que venía a hablarle de la visión que había tenido también él sobre la fundación querida por Dios. La cosa tenía todas las pruebas de origen divino.
     Ella y sus dos hijas, permanecerían en la casa familiar convertida en convento; el cabeza de familia ingresaría franciscano; los otros dos hijos ya habían optado por la vida religioso- franciscana. Hubo sus más y sus menos en el seno de la familia, y también en el vecindario, que consideraba tal sueño como un agravio al matrimonio. Al final, triunfó el proyecto;  y el 1 de marzo de 1618 se firma la escritura por la que los Coronel-Arana donan su hacienda para la nueva fundación.
     Catalina Arana y sus hijas decidieron que la familia religiosa a la que se había de confiar la nueva fundación había de ser la orden contemplativa de la Inmaculada Concepción, y de la rama estricta de las recoletas o descalzas. El 8 de diciembre se celebra la primera misa en el improvisado convento y el 13 de enero de 1619 toman el hábito concepcionista María Coronel (cambiando su nombre de pila en Sor María de Jesús), su hermana Jerónima y Catalina, su madre. Francisco Coronel ingresa en el convento franciscano de San Antonio de Nalda.
     Para abrir el proyectado monasterio y proceder a la erección canónica, vinieron del convento de San Luis de Burgos, tres religiosas concepcionistas que iniciaran a las aspirantes en el espíritu de santa Beatriz de Silva. La presencia de las monjas burgalesas en Ágreda duró cuatro años. Terminado el período de la formación de las primeras religiosas, regresaron a su monasterio de origen.
     Para dar nuevos vuelos al monasterio agredeño, llaman las nuevas profesas a otro grupo de tres monjas del monasterio del Caballero de Gracia en Madrid. Al cabo de otros cuatro años regresan también éstas a Madrid.
     El monasterio de Ágreda cuenta con suficientes elementos propios como para llevar adelante la plena observancia de la vida concepcionista recoleta.

La religiosa

La religiosa

María de Jesús de Ágreda.Maximino Peña

 

     En 1620 hace la profesión y comienza toda la trayectoria de su vida mística, marcada también por la enfermedad, la tentación y otros "trabajos".
     La vida de la M. Ágreda es impensable sin el marco de la clausura concepcionista. La orden de santa Beatriz la orientó hacia el misterio central de la Inmaculada Concepción, que había de ejercer en toda su vida una fascinación humanamente inexplicable.
     La inexorable reclusión de la vida enclaustrada encauzó la fuerza poderosa de su inteligencia y de su voluntad hacia un crecimiento en dirección vertical. La estrechez del monasterio primero, reducido a los muros de la casa paterna, lanzó a la adolescente María de Jesús a una vida de superior expansión hacia la mística. Sus primeros años de religiosa se ven marcados por fenómenos religioso-místicos paranormales: éxtasis, raptos, arrobos, ingravidez....
    Comenzó esta etapa a los 18 años aproximadamente. La forma que los trances místicos revistieron era la del éxtasis. La joven concepcionista permanecía inmóvil e insensible por espacio de dos o tres horas. El éxtasis venía acompañado de la levitación. Se elevaba sobre el pavimento y adquiría una levedad tan pasmosa, que un pequeño soplo podía mover en uno y otro sentido la masa ingrávida de su cuerpo. Se enardecía su rostro hasta tomar la forma de un verdadero serafín. Y estos arrobos llegaron a más del millar. Su confesor -Juan de Torrecilla- los divulgó indiscretamenete y las mojas fomentaban la publicidad. Mucha gente acudía verla en tal estado, el fenómeno duró hasta 1623: "fui al Señor- nos dice- y postrada ante su Ser inmutable, le dije que no me había de levantar hasta que me concediese quitarme todas las exteiroridades." A petición de la propia Venerable, Antonio de Villalacre, ministro provincial de Castilla (1620-1623), terció en el problema para poner fin a semejante exhibición.
     Mas la cesación de las exterioridades trae una concentración de lo sobrenatural en el interior de la monja, la cual empieza a vivir unos fenómenos únicos de bilocación que le hacen actuar a distancia de miles de kilómetros.
     El año 1627, a sus 25 años, es elegida abadesa, cargo en el que perduraría hasta su muerte, exceptuando el trienio 1652-1655. ¡35 años en total!. Su talante fué -al parecer- la prudencia, la eficacia, la suavidad, sin caer en la blandura. Facetas altamente simpáticas de su personalidad son la naturalidad, la sencillez, el carácter humano y afectuoso...
     Su vida espiritual se desarrolló en tres etapas, a las que ella llamaba noviciados: la imitación de la Virgen María, la imitación de Cristo y la entrega de sí misma a Dios; cada uno de los procesos los ratificaba mediante una especia de profesión. Desarrolló principalmente las virtudes de ciencia, prudencia, mansedumbre, fe y penitencia.

La Dama de Azul

La Dama de Azul

Evangelizando no Novo México

 

     Sor María de Jesús, tenía un gran celo por “salvar almas para el Señor”; desde su más tierna edad, Dios le concedió tener una visión del alma en gracia santificante y del alma en pecado mortal que marcó totalmente su vida, desde ese momento María Coronel Arana ya no sería la misma. A partir de allí, su espíritu se encumbraría a buscar sólo a satisfacer a su Amado, a entregarse por entera a Él.
     El Señor le favoreció con fenómenos exteriores, pero todos estos fenómenos místicos extraordinarios cesaron, para dar paso a una concentración de lo sobrenatural en su interior, el cual se manifestó con el fenómeno único de la bilocación que le hacía actuar a distancia de miles de kilómetros en las tierras americanas de Nuevo México. Era el año 1622. Sor María tenía sólo 20 años.
     La bilocación que trasladó a Sor María desde su retiro de Ágreda sobre el Atlántico hasta América fue en su tiempo algo que causó el más grande estupor, no sólo en España sino en las mismas Indias, donde ha perdurado hasta nuestros días la fama de la dama azul del Oeste que evangelizara vasta zonas de Nuevo México.
     Los obstáculos a la acción de los misioneros eran duros. Ante todo la hostilidad de las tribus indígenas, luego la dificultad de las lenguas autóctonas- diferentes y extrañas en su estructura-, las grandes distancias, etc. Es cuando se inician las inexplicables actuaciones de la legendaria “dama de azul” que prepara a los indios a la recepción del bautismo.
    De estos sucesos dejó ella misma una narración: "Paréceme que un día, después de haber recibido a nuestro Señor, me mostró Su Majestad todo el mundo, y conocí la variedad de cosas criadas; cuán admirable es el Señor en la universidad de la tierra; mostrábame con mucha claridad la multitud de criaturas y almas que había, y entre ellas cúan pocas que profesasen lo puro de la fe, y que entrasen por la puerta del bautismo a ser hijos de la santa Iglesia. Dividíase el corazón de ver que la copiosa redención no cayese sino sobre tan pocos. Conocía cumplido lo del Evangelio, que son muchos los llamados y pocos los escogidos...
     Entre tanta variedad de los que no profesaban y confesaban la fe, me declaró que la parte de criaturas que tenían mejor disposición para convertirse, y a que más su misericordia se inclinaba, eran los del Nuevo México y otros reinos remotos de hacia aquella parte. Él manifestarme el Altísimo su voluntad en esto, fue mover mi ánimo con nuevos afectos de amor de Dios y del prójimo, y a clamar de lo íntimo de mi alma por aquellas almas.”
Era el ardor misionero de Sor María de Jesús.
    Desde el año 1622 al 1625 se hizo presente, como evangelizadora, lo menos 500 veces -dice en las primeras declaraciones- en las provincias de Quiviras, Jumanas y otras zonas de Nuevo México (actualmente estas zonas se encuentran ubicadas en los estados de Nuevo México, Texas y Arizona de los Estados Unidos de Norteamérica) hasta que la fama que iban adquiriendo tales hechos le aconsejó pedir a Dios que cesaran estos dones, cosa que consiguió. Los indígenas le llamaban "la dama de azul", por el manto celeste de concepcionista que llevaba. Predicó a muchos el Evangelio y hasta sufrió una especie de martirio. Por entonces ya había misioneros franciscanos en aquellas regiones. Y sugirió a los indios que se presentaran a los misioneros para que, una vez evangelizados, toda la región pudiera recibir el bautismo. Se asombraron los misioneros de ver tanta gente dispuesta y comenzaron a indagar dónde podría vivir aquella "dama de azul" que decían los nativos.
     El año 1630 Alonso Benavides vino a España, se dirigió al ministro general de los Frailes menores, Bernardino de Sena, y le refirió aquella historia de la evangelización de Nuevo México. Y como ya la conocía por otras referencias, le envió al convento de la Purísima Concepción de Ágreda para que comprobase la veracidad de tales revelaciones. Benavides atestiguó que la "dama de azul" no era otra que María de Ágreda y así lo consignó en sus memorias.
     De estas bilocaciones se hizo un doble proceso de la Inquisición en los años 1635 y 1650.
     Sor María de Jesús de Ágreda no sólo fue misionera ella, sino que fue sembradora de inquietudes misionales e inspiradora de vocaciones de grandes y santos misioneros. Conocemos del Beato  Junípero Serra (1713-1784), el gran evangelizador y colonizador de California (EE.UU.), que llevaba siempre consigo la Mística Ciudad de Dios y que él continuaría en California, la obra comenzada por Madre Ágreda en Nuevo México. El Venerable José de Carabantes, (Fr. José Velázquez Fresnada, 1628-1694, cuya causa de beatificación se introdujo en 1910), debe su vocación misionera a María de Ágreda, quien le orientó e inculcó este gran servicio a Dios, al ir éste a consultarle sobre la voluntad del Señor en su vida; su misión se desarrollo en Cumaná (Venezuela).  Fr.  Antonio Margil de Jesús (1657-1726), evangelizador de México, Nicaragua, Guatemala, Costa Rica y Texas, solía leer cada noche un capítulo de la Mística Ciudad de Dios.
     En nuestros días María de Ágreda continúa inspirando la labor misionera en la Iglesia Católica. Hace más de 50 años el Padre James Flanagan, un sacerdote de la Arquidiócesis de Boston,  leyó la versión en Inglés de la Mística Ciudad de Dios. Influenciado por el Evangelio y el libro de la MCD, fundó junto con el Padre John McHugh, la Sociedad de Nuestra Señora de la Santísima Trinidad, SOLT (por sus siglas en Inglés) oficialmente el 16 de Julio de 1958 en la Arquidiócesis de Santa Fe en Nuevo México. Desde su inicio ha tenido muchos seguidores, y actualmente esta Sociedad Apostólica expande su labor misionera en parte de América, Europa, Asia y Oceanía.
    El Prefecto de la Congregación para la Causa de los Santos, Monseñor Ángelo Amato, en una visita no oficial al Monasterio de Sor María de Jesús,  recalcó  ésta faceta misionera de la Madre Ágreda y exhortó a los feligreses a ser misioneros en el estado o vocación en la cual cada uno ha sido llamado por Dios.
     La Dama  de Azul sigue viva en el corazón de sus fieles devotos, quienes le profesan una gran devoción, no por lo “extraordinario o sobrenatural” de sus bilocaciones, sino por el amor con que anunció y sigue anunciando el Evangelio: “las maravillas que Dios hace con los hombres”(Sal 106).

La Gran Mística mariana

La Gran Mística mariana

Cuadro en la Embajada de España cerca de la Santa Sede. Óleo anónimo del siglo XVIII

 

     La figura de Sor María de Jesús de Ágreda, (1602-1665), la gran mística mariana del siglo XVII, ocupa un primer puesto entre las grandes contemplativas de la Iglesia. Su profundo conocimiento de la vida interior, espiritual, de la Virgen, como la primera cristiana,  su particularísima y prolongada experiencia de la presencia de María en el decurso  de su vida, la hace testigo privilegiado de la verdadera devoción mariana en la Santa Iglesia. No se manifiesta en ocasionales o aisladas experiencias suyas  que la denoten,  como en tantas almas contemplativas se conocen,  sino en la intervención habitual de la Virgen a lo largo de su vida, como verdadera Madre y Maestra que acompaña e instruye  a su hija y discípula en el  fiel seguimiento de Cristo.
     Esta presentación ahora hecha de Sor María de Jesús, guarda una relación directa y dependiente  con su obra tan conocida la Mística Ciudad de Dios, que lleva como ampliación o subtítulo: Historia divina y Vida de la Virgen Madre de Dios.
     Si el Señor en sus designios amorosos quiso que fuera la concepcionista franciscana de Ágreda la cronista de la historia  o vida de la Virgen, le dio para ello un cúmulo de gracias sobrenaturales, luces  y conocimientos de las Sagradas Escrituras, que la capacitaban para cumplir el encargo que se le confía. La santidad de vida que en Sor María de Jesús resplandece, la hizo merecedora de que su causa de canonización se instruyese a los pocos años de su fallecimiento, dándole entonces el título de Venerable.
     La Mística Ciudad de Dios, historia o vida de la Virgen,  comienza a tratar de la presencia de María en el plan divino de la creación, predestinada juntamente con Cristo Jesús, su Hijo, Primogénito de toda criatura, para ser su Madre. Por lo que desde el primer instante de su Concepción en la mente divina, fue creada Purísima, Inmaculada, libre de todo pecado. Lo requería su dignidad única de ser la digna Madre de Dios. Y  la primera redimida por los méritos previstos de su Hijo, el único Redentor. Era, por eso, merecedora del culto de imitación, ejemplo de su vida de primera  cristiana,  que a  la Iglesia  ofrece y que nuestra concepcionista promueve.
     Aquel siglo XVII, conocido como el “siglo de la Inmaculada”, por la defensa que el pueblo cristiano hacía de la entonces todavía opinión piadosa, que los teólogos tomistas no admitían,  sería proclamada dogma de fe por el papa B. Pío IX en 1854. La obra de la M. Ágreda que la defiende, pasó a ser santo y seña de todos los partidarios y devotos de la Inmaculada. Y por eso mismo combatida por los seguidores de la opinión contraria, a los que se unían los jansenistas, galicanos y los enemigos del culto a la Virgen, que consideraban excesivo. La polémica desencadenada por ello contra la Mística Ciudad de Dios y contra la M. Ágreda, su autora, no terminaría hasta que el dogma de la Inmaculada Concepción fue definido. Sin embargo, no fue igualmente revalorizada por sus adversarios la persona de su defensora, Sor María de Jesús.
     Las enseñanzas marianas de la M. Ágreda adquirieron gran difusión entre el pueblo creyente. Las ediciones de su obra MCD son ya centenarias, con cerca de una cuarentena de traducciones a otras tantas lenguas. Las tres últimas ediciones en castellano de la obra completa, en un tomo, 1970,1982, 1992, han agotado y los 20.000 ejemplares. Y ha hecho necesaria la nueva edición que se prepara. La solidez teológica de su doctrina nunca ha sido condenada por la Iglesia, ya que la condenación que sufrió de la inquisición romana en 1681 fue muy pronto sobreseída. Ninguna de las enseñanzas de nuestra concepcionista  han   merecido rechazo o condena. Sin embargo, toda aquella oposición doctrinal precedente, se fue concentrando contra Sor María y su causa de beatificación, que  fue interrumpida, a  la espera de que sea de nuevo reabierta.
     La MCD ha tenido gran influencia en la espiritualidad de los siglos precedentes y sigue teniéndola en nuestros días. La espiritualidad mariana que promueve, el culto  a la Virgen, particularmente de imitación, su devoción filial; las invocaciones como Reina y Señora, Madre y Maestra de la Iglesia, primera cristiana y redimida;  discípula de Cristo, Mujer evangélica, Maestra de los Apóstoles, modelo de la Iglesia… constituyen otros tantos puntos básicos de su mariología, que la Iglesia del Vaticano II promueve. La bibliografía Agredana del último cuarto de siglo y de esta primera década del presente así lo prueba con abundantes estudios.
     Por cuanto a la mística mariana se refiere, que la contemplativa del Moncayo propone en su obra, “abriendo horizontes insospechados en el alma mística de María” hay que tener presente lo que la Venerable nos dice. Al empezar a escribir la segunda parte de la MCD, con la aprobación divina de cuanto había ya escrito, el Señor le pide como respuesta en su condición de discípula de la Virgen,  un nuevo modo de obrar las virtudes y tan alta perfección de vida y costumbres, que…quedé  turbada y temerosa de emprender negocio tan arduo y difícil para una criatura terrena, escribe (MCD: 2, n.2, p.337). Es decir: que para poder vivir la vida mariana, imitando a la Virgen como modelo de vida cristiana, tiene que  vivirse en una forma nueva, de mayor generosidad y entrega, a semejanza de la bendita Madre, la perfección evangélica y seguir su doctrina.
     En el camino espiritual que Sor María de Jesús señala a las almas  que quieren seguirlo, siendo en verdad espirituales, la base de su perfección cristiana está en vivirla   a semejanza de María: Es la forma de poder seguir  los pasos de Cristo, el Señor,  hasta llegar a la glorificación de la Trinidad Santa. Son éstas las tres cimas sucesivas en las que culmina la perfección de la vida evangélica. Por María y por Cristo a la glorificación de la Santísima Trinidad.
GASPAR CALVO MORALEJO, OFM
VICE POSTULADOR DE LA CAUSA
DE SOR MARÍA DE JESÚS DE ÁGREDA

Mística Ciudad de Dios

Mística Ciudad de Dios

  Título original: “Mística Ciudad de Dios vida de María milagro de su omnipotencia y abismo de la gracia historia divina y vida de la Virgen  Madre de Dios,  Reina y Señora nuestra,  María santísima, restauradora de la culpa de Eva y medianera  de la gracia,  dictada y manifestada  en estos  últimos  siglos  por  la misma  Señora a  su  esclava sor María de Jesús abadesa indigna de este convento de la Inmaculada Concepción de la villa de Ágreda para nueva luz del mundo, alegría de la Iglesia Católica y confianza de los mortales”
     Editorial: Fareso. Introducción, notas y edición por CELESTINO SOLAGUREN, OFM con colaboración de Ángel Martínez Moñux, OFM y Luís Villasante, OFM, Madrid 1970,  reimpresa en 1982, en 1992.
     Se está preparando nueva edición.
Tema: La Madre María de Jesús, por obediencia al mandato del Señor, se decide a escribir esta “Historia divina y Vida de la Virgen”, subtítulo explicativo de la Mística Ciudad de Dios con  el que la define su autora. Tiene como referencia directa la historia de la salvación de los hombres, que culmina en la persona de Cristo  y su misterio pascual (SC, 5), a través de la Vida de la bendita Madre. Las páginas del Evangelio y toda la Sagrada Escritura,  con la enseñanza de la liturgia y del Magisterio de la Iglesia, serán su base expositiva. La riqueza de su lenguaje barroco y el recurso ocasional a las obras en uso entre los escritores eclesiásticos contemporáneos, particularmente en las llamadas “Vidas” de la Virgen, le proporcionan los recursos ornamentales para  su narrativa simbólica. No es tanto una biografía mariana, con precisión de datos y hechos históricos, cuanto una descripción de la vida interior, espiritual, del alma de la Madre del Señor, la llena de gracia (Lc 1,28)  desde el primer instante de su ser en el designio divino.
     La Mística Ciudad de Dios, o “Historia divina y Vida de la Virgen Madre de Dios” da a conocer la existencia de María desde los designios  eternos de Dios Padre hasta su presencia escatológica en la vida de la Iglesia, de la que es su Madre y Maestra. Para los hechos concretos que señalan su vida: Concepción Inmaculada, Virginidad, Maternidad Divina, su asociación a la persona y a la obra redentora de Cristo Jesús, su Hijo; su Asunción a los cielos y Mediación maternal sobre la Iglesia, encuentra su reflexión en  las enseñanzas de las Sagradas Escrituras  una doctrina cristológico-mariológica, considerada como de una “iluminada precursora” de la mariología del Concilio Vaticano II   promotora, a la vez,  del culto de imitación y servicio a la Virgen, Madre y Maestra de la Iglesia, como Pablo VI y Juan Pablo II, siguiendo la mariología del Concilio,  proponen en su magisterio. 
La Mística Ciudad de Dios es una de las tres obras de su siglo más veces impresas, junto con las de S. Luís María Grignion de Montfort y S. Alfonso M. de Ligorio.
NOTA: Puede adquirirse en el Convento de las Concepcionistas de Ágreda o pedir Aquí
  Para conocer otras de Sor María de Jesús,  ver la sección:  ¿Qué escribió?/Obras Publicadas

Inicio de la causa de beatificación

Inicio de la causa de beatificación

Corpo incorrupto de Sor María de Jesus

 

     La muerte de Sor María de Jesús, señaló el momento histórico de una singular celebridad que se granjeó en el mundo cristiano de fines del siglo XVII. La poderosa orden franciscana que había seguido muy de cerca la evolución mística de la concepcionista de Ágreda se hizo cargo de todos sus papeles, especialmente del texto manuscrito de la Mística Ciudad de Dios, con el fin de proceder a los preparativos para la introducción de su Causa de Beatificación.
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Su muerte

terça-feira, 12 de novembro de 2013

Museo Sor María Jesús de Ágreda

 

 

Museo Sor María Jesús de Ágreda

El Museo recoge objetos de la venerable (su correspondencia con Felipe IV), algunas obras que escribió, además de retratos reales de la escuela de Velázquez y un aguamanil de plata regalos del rey.
Tarifa
* General: 2 Euros (incluye museo y exposición).

Datos del museo

Tema museo:
personales, religioso, otros, documentos
Fondos:
Se conserva en la iglesia el sepulcro y el cuerpo incorrupto de Sor María Jesús de Ágreda. La iglesia y los retablos son del siglo XVII. El museo contiene escritos y objetos diversos de la venerable monja.

Horario

No hay horario establecido, orientativamente:
Del 1 de Julio al 15 deSeptiembre (Aprox):
De M a D y F de 11:00 a 14:00 / 17:00 a 19:00
Lunes cerrado
Cerrado temporalmente. Abrirá sus puertas del 1 de Julio al 15 de Septiembre (Aprox)

Dirección

Dirección:
  C/ Vozmediano, 29
Provincia:
  Soria
Localidad:
  AGREDA
CP:
  42100
Teléfono:
  976 647095

Turismo Castilla y León

quinta-feira, 19 de setembro de 2013

quinta-feira, 15 de agosto de 2013

quarta-feira, 14 de agosto de 2013

Sor María Jesús de Ágreda, la Dama Azul de los indios que evangelizó Nuevo México en bilocación - ReL

 

Se publica su impresionante «Mística Ciudad de Dios»

 

Sor María Jesús de Ágreda, la Dama Azul de los indios que evangelizó Nuevo México en bilocación

 

Sor María Jesús de Ágreda, la Dama Azul de los indios que evangelizó Nuevo México en bilocación

La Dama Azul, en la caracterización del documental que le dedicó RTVE.

 

En 1622, una expedición de 26 franciscanos dirigida por fray Alonso de Benavides se adentró en el territorio de Nuevo México para llevar el Evangelio a apaches, navajos, comanches, xumanas... Esperaban encontrar la hostilidad que ya le había costado la vida a otros religiosos, y sin embargo se vieron recibidos "con grandes demostraciones de devoción y alegría, y hallaron a los indios tan bien catequizados que, sin otra instrucción, pudieron bautizarlos", cuenta fray José Jiménez Samaniego, general de la orden años después de los hechos.
Ya estaban evangelizados
Habían sido enseñados por una misteriosa Dama Azul (alusión a su hábito), quien siguió haciéndolo durante años y a quien, con el tiempo, los frailes terminaron identificando como Sor María Jesús de Ágreda (1602-1665), ya bien conocida en España por su santidad de vida y sus penitencias, éxtasis y levitaciones. Dos años antes había profesado en el convento de Ágreda (Soria), del que en 1627 fue nombrada priora.

Cuando, en la iglesita de Isleta, los frailes mostraron a los indios diversos retratos de monjas, todos sin excepción señalaron espontáneamente a Sor María como "la mujer joven y hermosa vestida de azul que les había hablado de Dios".
Una bilocación investigada a fondo
El caso es que la monja, que allí nació y murió, jamás salió de su pueblo ni del claustro en el que había entrado a los dieciséis años cuando ella y toda su familia se constituyeron en congregación franciscana por directa petición divina a la madre de familia.
Ante la patente sobrenaturalidad de la bilocación, pues, el padre Benavides informó a sus superiores en México y el rey Felipe IV, y en 1630 se trasladó a España para conocer a la religiosa y conminarla bajo juramento a decir la verdad. Ella le confirmó que, efectivamente, era llevada por ángeles a países para ella desconocidos a predicar a Jesucristo entre paganos e idólatras y explicarles cómo llegar hasta los sacerdotes que pudiesen bautizarles. Todo ello, sin desatender su vida y obligaciones conventuales, en uno de los casos de bilocación más asombrosos en la historia de las experiencias místicas.
Pero la bilocación de Sor María Jesús de Ágreda, que le concedió Dios precisamente para evangelizar, no la usó solamente en el Nuevo Mundo. En 1626 convirtió a un mahometano encarcelado en Pamplona a quien predicó en su celda rogándole se bautizase. Cuando el musulmán llegó a Ágreda, trasladado por su señor, pidió el primer sacramento y explicó que una misteriosa monja le había introducido en los misterios de la fe. Para comprobar la veracidad de la historia llegó a hacerse, ante notario, una "rueda de monjas", y tres -entre ellas Sor María Jesús- descubrieron su rostro para que señalase a su visitadora, lo cual hizo sin dudarlo en cuanto la vio.
La Inquisición le abrió un proceso en Logroño en 1635 que en diferentes fases duró quince años y se saldó declarándola inocente.
Consejera de Felipe IV
Luego comenzó su largo periodo de relación epistolar con Felipe IV. En 1643, el monarca (a quien la crisis política de 1640 en Portugal y Cataluña había dejado sin su apoyo y valido de la primera parte del reinado, el conde-duque de Olivares), se hallaba dubitativo ante la orientación que imprimir al reino. Visitó a sor María Jesús de Ágreda en el convento.
"Me siento viejo y de poco provecho", le confió, y tras unas horas de trato le rogó que continuaran sus conversaciones por carta. La monja se convirtió en consejera no sólo espiritual, sino también política, del monarca. Aportaba a muchas de las cuestiones que éste sometía a su consideración un gran espíritu de prudencia y sentido común.
Se considera, por ejemplo, que su consejo de buscar la paz en el interior y en el exterior animó al rey a respetar la identidad política de Aragón para resolver el conflicto catalán, y a firmar la Paz de Westfalia en 1648 y la Paz de los Pirineos en 1659 para concluir con la sangría de las guerras europeas.
La Virgen María, mística ciudad de Dios
Y era, además, una gran escritora. Acaba de publicarse una edición asequible de una obra que ha conocido ya 173 ediciones en diez idiomas y figura entre las más importantes piezas de la literatura mística española ("poema teológico", lo han llamado)... o de la literatura española, a secas. La Mística ciudad de Dios (Gaudete) de Sor María Jesús de Ágreda, que se publicó póstumamente y fue popularísima durante siglos, llevaba un tiempo ausente de las estanterías y merecía el impulso que le han ofrecido sus editores, convencidos de que "el contenido de esta obra cumbre de la literatura cristiana es injustamente desconocido hoy por el pueblo de Dios".

En particular, señala el director de Gaudete, José Antonio Ullate Fabo, por su estilo, "equilibrado psicológicamente y rigurosamente teológico", y porque, "lejos de melifluos y empalagosos ensimismamientos sentimentales", la lectura de esta religiosa, cuyo proceso de beatificación se abrió a los pocos años de su muerte, "produce serenidad por la firmeza teológica de la priora concepcionista, por su sentido común y su intimidad con Dios y con la Virgen Santísima".
A ella precisamente (Vida de la Virgen María), desde la Inmaculada Concepción hasta la Encarnación del Verbo -quince años, afirma la religiosa siguiendo la tradición clásica-, está consagrado el primero de los siete libritos que componen la Mística ciudad de Dios. Todos, escritos en un espíritu de reverencia al Altísimo, doctrina de la cual -como le transmitió la Madre de Dios- "el mundo está muy necesitado de esta doctrina, porque no sabe ni tiene debida reverencia al Señor omnipotente; y por esta ignorancia, la audacia de los mortales provoca a la rectitud de Su justicia para afligirlos y oprimirlos y están poseídos de su olvido y oscurecidos con sus tinieblas, sin saber busca el remedio ni atinar con la luz; y esto les viene por faltarles el temor y reverencia que debían temer".

El cuerpo incorrupto de Sor María Jesús de Ágreda se conserva en la iglesia de las concepcionistas de la localidad soriana.

Sor María Jesús de Ágreda, la Dama Azul de los indios que evangelizó Nuevo México en bilocación - ReL

domingo, 4 de agosto de 2013

sexta-feira, 14 de junho de 2013

sábado, 25 de maio de 2013

Venerável María de Jésus de Ágreda


 
 
 
 
Existem algumas versões notadamente controversas a respeito da obra “Mística Cidade de Deus”, de autoria da Ven. Irmã Maria de Jesus Ágreda e também alguns contrastes envolvendo sua biografia.
O artigo abaixo transcrito é bem detalhado, necessariamente extenso, obtido na Cúria Provincial dos Franciscanos – Valença/Espanha, junto ao diretório da Enciclopédia Franciscana, onde constam detalhes da vida e da obra de Irmã Maria e de autoria do Frei Celestino Solaguren, Ofm (verificar - idioma espanhol). Em contrapartida, encontramos também junto ao site do Vaticano indicação da “Mística Cidade de Deus”, que serviu de referencial para os estudos de mariologia franciscana da Pontifícia Academia Mariana Internacional, conforme relação de atividades do ano acadêmico 2002-2003 (verificar- idioma italiano).
IRMÃ MARIA DE JESUS DE ÁGREDA (1602-1665) por Celestino Solaguren, ofm

Ágreda é um vilarejo pertencente à província de Sória, que confina com Aragão e se encontra da mesma forma muito próxima ao limite de Navarra. Se encontra, portanto, situada nos confins de três reinos históricos da Espanha, nos assentamentos de Moncayo. Até os últimos reajustes de dioceses pertenceu à de Tarazona que, atualmente, conta 5.000.

Na Idade Média conviveram dentro da vila membros das três religiões monoteístas. Ainda encontram-se em Ágreda o que foi bairro muçulmano-judeu, bem como o edifício que serviu de sinagoga.

A Venerável Irmã Maria de Jesus, chamada muito comumente a Madre Ágreda, é célebre no mundo conhecida com o nome de Ágreda. Aqui, com efeito, viveu e morreu, sem jamais ter saído dos limites da vila.


INFÂNCIA E JUVENTUDE

Os pais de Irmã Maria foram Francisco Coronel e Catarina de Arana. Esta, nascida também em Ágreda, era oriunda de Vizcaya, como recorda a própria Venerável. Efetivamente, no convento de Ágreda se conserva todavia o documento de fidalguia dos Arana, de 1540.

O matrimônio de Francisco-Catarina teve onze filhos, porém, sete morreram em idade recente. Só sobreviveram dois filhos e duas filhas. Eis aqui os nomes dos quatro: Francisco, José, Maria e Jerônima.

Sobre seus pais, o modo de ser deles, os costumes, etc., a mesma Venerável deixou um esboço biográfico. Da mãe, diz que era naturalmente mais oficiosa e ativa que o pai. Ambos extremanente religiosos. A família Coronel-Arana se relacionava muito com os franciscanos de São Julião; assim se chamava o antigo convento franciscano que estava situado nos arredores da vila. A mãe tinha ali seu confessor e procurava diariamente ouvir a Missa na Igreja do convento. Quase não passava dia sem que os frades franciscanos visitassem a família.

A Venerável confessa que ela, em sua primeira infância, parecia um tanto preguiçosa e inútil e para lhe despertar, sua mãe lhe tratava com dureza. “Verdadeiramente posso dizer que em minha vida lhes vi (os pais) o rosto sereno, até depois de religiosa”. A explicação que Irmã Maria nos dá deste comportamento seu na primeira infância, vai muito além da que os bons pais podiam alcançar. Nos diz, com efeito, que na idade em não pôde precisar, porém, provavelmente coincidindo com o despontar do uso da razão, e sem que recebesse informações ou ensinamentos exteriores, recebeu de Deus informações sobre o mundo, estado pecador do homem, etc, cujos efeitos iriam perdurar por toda a vida.

Como resultado daquela manifestação concebeu um temor que jamais lhe abandonou: temor de ofender a Deus e perder a graça. Ao cessarem as revelações, passiva, caiu como suspensa. Via-se rodeada de perigos, repleta de misérias, não ousava falar com as criaturas, a todas reputava superiores. O conhecimento próprio lhe aterrava, costumava ir a lugares ocultos. Por tudo isso, os pais lhe julgavam insensata e inútil, e lhe davam o áspero trato mencionado. “Que iremos fazer desta criatura, que não há de ser para o mundo nem para a religião?”.

A tudo isso se agregaram diversas enfermidades, que aos treze anos de idade a puseram às portas da morte: “Se fez o preparo para meu enterro”, disse ela. Porém, todos os padecimentos os suportava completamente, pela convicção que tinha de ser filha de uma raça pecadora, obrigada a satisfazer a Deus por seus pecados. “Maravilhavam-se os médicos de que pudesse levar males tão cruéis, com forças tão debilitadas e sem queixar-se”.

Quando completou os doze anos de idade empenhou-se em tratar de ingressar na vida religiosa. A primeira idéia, foi a de tomar o hábito das Carmelitas Descalças de Tarazona e seus pais já faziam os preparativos para que isto se consumasse, quando sobreveio uma circunstância totalmente imprevista, que havia de mudar o rumo de sua vida. A mãe da Venerável, Catarina de Arana, teve revelação, confirmada por seu confessor, Fr. Juan de Torrecilla, segundo a qual devia transformar a casa em convento e ingressar nele como religiosas a própria mãe com suas duas filhas, enquanto o pai e ingressaria com os dois filhos na Ordem de São Francisco. Na realidade os dois filhos varões eram já religiosos na dita Ordem. Diante disso, Maria deu sua conformidade ao novo plano e desistiu de ir a Tarazona. Porém, a idéia era tão dissonante, que chocou-se com a resistência do pai de família e também com a de um irmão deste, Medel. A oposição dos circunvizinhos, a princípio, foi também geral. Diziam que “era agravo do santo matrimônio”.


Assim, transcorreram três anos. Não obstante, pouco a pouco se venceram as oposições e dificuldades; o pai mudou de parecer e, em 1618, feitas algumas reformas prévias, a casa de Frederico Coronel se transformou em um convento de monjas. Francisco, a quem seguiu depois seu irmão Medel, ingressou como franciscano na qualidade de irmão leigo no convento de Nalda (Sória).

O tempo que transcorreu até que o projeto se transformou em realidade, Irmã Maria o considerou como uma fase de desregramento. Os acaloramentos em torno ao projeto, as obras, etc, a distraíram e dissiparam sobremaneira sua vida espiritual e até cedeu à tentação da vaidade.

O novo convento havia de ser a Ordem da Imaculada Conceição. Sem dúvida, o fervor imaculista, que a Espanha conhecia então um de seus melhores momentos, foi causa desta preferência. Porém entre as Concepcionistas havia dois ramos: uma de calçadas e outra de descalças. Mãe e filhas se decidiram pelo instituto de descalças. Mas como na área da província franciscana de Burgos, à que pertencia a fundação de Ágreda, não havia Concepcionistas descalças, senão só calçadas, se cometeu a anomalia de trazer de Burgos três monjas Concepcionistas das calçadas na qualidade de fundadoras de um convento que havia de ser o ramo descalço. Por esta razão dirá Irmã Maria que a fundação não teve bom princípio, pois as fundadoras vindas de Burgos tinham que ensinar um modo de vida que elas não haviam professado nem praticado.

Dezesseis anos tinha Irmã Maria quando tomou o hábito, juntamente com sua mãe e irmã. Prontamente houve novas vocações. Nesta primeira época, a abadessa, era das vindas de Burgos na qualidade de fundadoras.

Uma vez vestido o hábito, Irmã Maria reage contra a dissipação anterior e se entrega totalmente à vida espiritual. Feita a profissão em 1620, começa em sua vida um período de enfermidades, tentações e extraordinários trabalhos, que será seguido por outro de fenômenos espirituais ressonantes.

AS EXTERIORIDADES

Quando Irmã Maria tinha dezoito anos, ou seja, no ano seguinte à sua profissão, começam a ocorrer em sua vida certos fenômenos místicos ressonantes, aos que se deram indiscreta publicidade, sem ela querer ou saber. Um dos confessores que teve por este tempo foi o referido Fr. Juan de Torrecilla. Dele diz a venerável que era mais bom que cauteloso. Irmã Maria padecia com freqüência êxtases, arroubos e raptos, fenômenos de levitação, gravidade, etc e acudia muita gente a vê-la neste estado. As monjas – que então governavam a comunidade vindas de Burgos-, longes de impedir, fomentavam a exibição.

“E chegou minha infelicidade – escreve Irmã Maria – a que depois de comungar me colocaram o véu e me viram alguns seculares. E como isto, de arroubous, faz no mundo imprudente tanto barulho, estendeu-se e passou adiante a publicidade; as superioras que haviam, eram amicíssimas destas exterioridades e foram se empenhando com uns e outros seculares; por haver concedido a alguns, não se lhes negavam a outros.


“Deu-me aviso disto um enfermo, aflito, que veio ao convento me ver, o que para mim foi tão fatigante, minha amargura e dor foram tais, que fiz voto de não receber a Nosso Senhor sem fechar-me na comungatória. Pedi um cadeado e me fechei; e o podia fazer porque só comungava pelas muitas enfermidades que eu tinha. Outras vezes, que me tiravam a chave, bebia xarope ou medicamentos para que não me obrigassem a receber Nosso Senhor, julgando melhor carecer deste consolo, que submeter-me a tão grande imprudência, como mostrar-me a todos os que concorriam que, só de ouvir o barulho deles, me desmaiava; repreendiam-me asperamente e me imputavam desobediência e, para obedecer, me rendia”.

Ela mesma, muitos anos mais tarde, quando contava com mais experiência e conhecimento dos caminhos do Senhor, se referirá com certas reservas aos sucessos daqueles anos.

Ante as queixas da interessada, interveio o Provincial Fr. Juan de Villalacre para pôr fim àquelas exibições. Por ordem do dito provincial ela mesma pediu a Deus que terminassem todas as exterioridades, tendo Deus a atendido. Isto ocorreu em 1623.

“O modo que teve de encerrar esta publicidade – diz a Venerável – foi que, armada de fé e esperança, fui ao Senhor e prostrada ante seu Ser imutável, lhe disse que não me havia de levantar até que me concedesse retirar todas as exterioridades em público e que os benefícios que me havia de fazer fossem a sós; e ao prelado, que era el Padre Fr. Juan de Villalacre, Provincial, lhe supliquei que pusesse censuras às religiosas para que, estando recolhida, não me manifestassem aos seculares. O prelado o fez lindamente e o Altíssimo desde aquela hora me mudou o caminho e me pôs em outro, do qual era mister escrever muito para declarar-lhe. Dilatou-me muito na capacidade de entender as potências e sentidos para que, com a grande admiração do muito conhecimento, não perdesse os sentidos, e mais conhecia neste estado em um instante que em todos os sucessos dos três anos”.

A partir desta data, a vida mística da Venerável, ainda que mais elevada, será oculta, sem estas repercussões exteriores.

A novidade do cessar daqueles fenômenos produziu não pequena impressão nas monjas e deu lugar a vários pareceres. Para muitas, o término de agora fazia suspeito todos os anteriores. Ela calava. Só sua mãe natural lhe falou algumas vezes, porque a via constristada por este motivo.

A estes anos das exterioridades, pertencem também as supostas viagens da Venerável para evangelizar aos índios do Novo México. Quando muitos anos mais tarde Irmã Maria foi submetida a interrogatório pelos qualificadores da inquisição, a maioria das perguntas giraram em torno a essas supostas viagens da monja à América, afirmados em um Memorial que se difundiu muito e do que é autor Fr. Alonso de Benavides, Custódio do Novo México, que veio a Espanha em 1630 e esteve em Ágreda. Porém, deste processo, diremos algo mais adiante.

No mesmo ano de 1623 voltaram a Burgos as primitivas fundadoras e em seu lugar, se trouxeram de Madri, do convento do Caballero de Gracia, outras três monjas, também na qualidade de fundadoras. Estas sim eram das Concepcionistas descalças. Estas segundas fundadoras governaram o convento por quatro anos. Em 1627 pareceu aos superiores religiosos que convinha nomear abadessa a Venerável, e assim não o fizeram, pois que não havia completado os vinte e cinco anos.

Irmã Maria guardou sempre muito boa recordação das monjas de Cabellero de Gracia por seu trabalho como educadoras da nova fundação. Se conservam cartas da Venerável às ditas religiosas. Nelas se revelam facetas altamente simpáticas de sua personalidade: naturalidade, simplicidade, caráter humano e afetuoso, etc.

ABADESA

Durante onze anos, ou seja, até que se cumprissem os vinte e cinco anos desde a fundação do convento, foi Irmã Maria abadessa por nomeação dos superiores religiosos. Depois que se concedeu direito de eleição à Comunidde, foi eleita triênio após triênio, até sua morte. Só uma vez conseguiu a interessada, recorrendo ao Núncio Rospillosi, que não se desse a concessão para reelegê-la novamente, e assim esteve um triênio, de 1652 a 1655, sem ser abadessa.

O governo da Venerável foi mesclado de prudência, suavidade e eficácia e demasiada brandura. Esteve trinta e cinco anos à frente da Comunidade.


Também no temporal se conheceu a eficácia de seu governo. No primeiro ano de seu cargo decidiu edificar novo convento, fora dos muros da vila e próximo ao convento dos franciscanos. Começou com tão poucos meios, que só dispunha de cem reais, que lhe prestou um devoto. A construção demorou sete anos, resultando em formosa igreja e todas as oficinas necessárias. A mudança das monjas ao novo convento se verificou em 1633 e celebrou-se com grande pompa. Quando no interrogatório inquisitorial se insinuou à Venerável que havia violado o voto de clausura com suas viagens às Índias, esta respondeu com graça que não havia saído da clausura mais que uma só vez e, esta em procissão, ao trasladar-se do convento velho ao novo.

Quando Irmã Maria entrou para governar, não chegavam as rendas a sustentar doze religiosas. Na sua morte, deixou renda fixa para sustentar a trinta e três.

Em 1652 o convento concepcionista de Ágreda se converte por sua vez em convento fundador. A Venerável cede quatro das suas religiosas para uma nova fundação em Borja (Zaragoza). Existem cartas da venerável à nova Comunidade, que foram publicadas recentemente.

OS DIRETORES ESPIRITUAIS

Dada a parte importante que os confessores e diretores espirituais julgaram na vida espiritual da Venerável, parece obrigatória a detenção neste ponto. Irmã Maria foi uma alma possuída durante toda sua vida de um “excessivo temor”. Temor de errar, de extraviar-se. Por isso se submeteu firmemente à obediência, à direção dos representantes de Deus. “Jamais – dirá ela – me aquietei sem este rumo.” Ao diretor manifestava toda sua consciência, as graças e favores do Senhor e nada fazia sem sua aprovação e conselho. No mosteiro de Ágreda se conservam todavia inéditas as Sabatinas, ou seja, as contas de consciência que cada sábado dava por escrito ao diretor. Tinha muito impressa na alma a frase do Senhor no Evangelho: “Quem a vós ouve, a mim ouve; quem a vós obedece, a mim obedece”.

Vale dizer que todos seus diretores e confessores, assim como seus superiores eclesiásticos, foram da Ordem Franciscana, pois as religiosas estavam sujeitas à jurisdição dos superiores religiosos da Ordem a que pertenciam ou à que estavam adscritas; e a Ordem da concepção, desde o início, se pôs sob a Ordem de são Francisco.

Durante o noviciado teve um confessor que a todos os seus pedidos de permissão para fazer penitências contestava com um “não”. Irmã Maria ponderava depois o bem que a fez.

Durante o período das exterioridades teve vários confessores, cujos nomes conhecemos por suas respostas ao interrogatório inquisitorial. São eles: o já citado Frei Juan de Torrecilla, Frei Juan Bautista de Santa María e Frei Tomás Gonzalo.

Com a intervenção do Provincial Frei Juan de Villalacre para pôr em ordem as coisas da Venerável, começa um longo período de vinte e quatro anos em que é dirigida pelo Padre Francisco Andrés de la Torre. Este Padre a dirigiu, pois, desde 1623 até 1647, ano em que morreu. Durante seu mandato, Irmã Maria escreveu pela primeira vez a Mística Ciudad; na ausência eventual deste, a queimou por indicação de outro confessor acidental, voltando a refazê-la parcialmente, à morte dele a voltou a queimar, etc. Samaniego nos informa que o rei Felipe IV quis nomear Bispo a este Padre, porém, renunciou à idéia por atender melhor a direção da venerável.

Em cartas de Irmã Maria ao rei há constância de ordens que lhe dava este Padre com respeito a consultar ao céu sobre certos assuntos, ou consignar notícias com reflexos sobrenaturais. Também a Mística Ciudad, como é sabido, há constantes consultas que fazia a Deus ou à Virgem por ordem do confessor.

Depois da morte deste diretor esteve por algum tempo só, ou seja, sem diretor. É neste tempo que se queixa ao rei de que a Ordem Franciscana não guarda segredo de suas coisas como deveria.

Foi também agora, neste “interregno” de diretor, quando foi submetida ao interrogatório inquisitorial. Na carta ao rei, alude ao fato e faz referência aos sucessos de sua juventude sobre os quais versou, principalmente no dito interrogatório:

“Em meu negócio não há novidade maior que a que escrevi a V. M.; quando me veio aquela visita me achei tão só e sem conselho, que me pareceu forçoso recorrer ao amparo do Prelado, que é o Padre Manero. O Senhor me enviou este trabalho quando não há confessor nem religioso nenhum que conheça meu interior, por terem morrido os que se lhe havia comunicado. Por conta do Altíssimo e da Rainha do Céu confio minha defesa; se querem que padeça, gozosíssima abraçarei a cruz. Pelo que a V. M. amo e estimo, lhe quero declarar que, só pela bondade de Deus, tenho livre a consciência e vontade nas matérias espirituais, ainda que, não sem temor de ter errado, como mulher ignorante e por ter começado o caminho da virtude, assinalando-se a misericórdia de Deus comigo, sendo ainda menina”.

Por fim, no mesmo ano de 1650 passa a lhe dirigir o Padre Andrés de Fuenmayor, que a guiou até a hora da morte. Deste, diz ela estar contente, porque guarda segredo:

«Meu confessor partiu já para sua jornada; é mui douto e tem duas vezes o ofício de Provincial, e o que me consola é que guarda em grande segredo as minhas coisas”.

Sob a direção deste Padre se encontrava Irmã Maria quando, por ordem sua, escreveu a redação definitiva da Mística Ciudad. (Cidade Mística). O Padre Fuenmayor viveu muitos anos em sua direção, escreveu a vida dela e deposições testificais, que existem manuscritas.

CORRESPONDÊNCIA EPISTOLAR COM O REI

Não há dúvida que um dos episódios mais admiráveis da vida de Irmã Maria é o de suas relações com o rei Felipe IV, com quem manteve correspondência epistolar por espaço de mais de vinte anos (1643-1665). Desde então, as relações de Irmã Maria com o rei da Espanha não são mais que um capítulo dentre os mais importantes; no conjunto das múltiplas relações e da variadíssima e dilatada troca de cartas, sustentou a Venerável com múltiplos personagens de seu tempo. Irmã Maria escreveu cartas a Papas, reis, generais de Ordens religiosas, bispos, nobres e a toda classe de pessoas da Igreja e da sociedade. Ainda dando por desconto que muitas destas corresnpondências se tenham perdido, não pode-se deixar de admirar ao considerar o volume, a extensão, a qualidade e variedade de sua atividade epistolar e literária. Bem pôde falar Sandoval de “Um mundo em uma cela”. Porém, voltemos ao tema de sua correspondência com Felipe IV.

Em julho de 1643 Felipe IV se detém em Ágreda, a caminho de Zaragoza. Visita a Irmã Maria e lhe propõe sua idéia de manter correspondência com ela. O rei lhe escreverá a meia margem, a fim de que a contestação da monja vá no mesmo papel. E, segundo o acordado, dentro de poucos dias lhe escrevia o rei já de Zaragoza sua primeira carta. Assim se iniciou esta célebre correspondência, que não interromperia senão com a morte da Venerável. A edição de Silvela consta de 614 cartas, das quais 314 são da monja, e o resto do rei.

Que buscava Felipe IV quando bateu às portas daquele mosteiro? Ajuda sobrenatural, sem dúvida, pois que os meios humanos e naturais lhe iam faltando momentaneamente. O panorama da monarquia espanhola era inquietante: Catalunha sublevada, guerras e reveses com França, Flandres, Itália, Portugal; falta de meios e recursos para atender a tantos “empenhos”… O rei acabava de apartar de si ao onipotente conde duque de Olivares, a quem a opinião popular culpava de todos os desastres. Porém, só e sem o conde, o apático Felipe IV, que podia fazer? A consciência lhe dizia também que com sua vida desregrada, tinha a Deus ofendido. Em tamanho aperto pede, pois, socorro a uma alma santa, confiando que com suas orações, valimento ante Deus, luzes e conselhos, lhe ajudará a sair daquele labirinto.

Irmã Maria não defraudou as esperanças que o rei depositara nela. Com fidelidade e perseverança exemplar foi contestando as cartas reais e desempenhando por este meio um verdadeiro trabalho de reeducação cristã do monarca; ao mesmo tempo, não deixa de dar-lhe conselhos atinados em questões de ordem político-militar que o monarca lhe expõe. Assim, por exemplo, em um momento em que o rei se sentia tentado a fazer caso omisso dos foros de Aragão, Irmã Maria lhe adverte que não o faça por nada do mundo. Quando o rei quis fazer extensiva a Aragão a jurisdição da Inquisição, Irmã Maria lhe aconselhou adiar este assunto, por ser inoportuno naquele momento; o essencial então era conseguir a cooperação aragonesa, para o qual havia que afastar os pontos conflitantes. Depois de reconquistada Barcelona, a monja lhe aconselha que ponha ali ministros que concordem bem com os reais, etc. Silvela chegou a dizer que a monja de Ágreda, com sua clarividência e instinto, salvou a unidade da Espanha naquela hora verdadeiramente crítica e decisiva.

Na ordem internacional, encorajou o rei a fazer as pazes com a França. E, efetivamente, teve o consolo de ver logrado este objetivo ao firmar-se a “Paz dos Pirineus”. Irmã Maria tem uma preocupação constante e geral por aconselhar a paz. Não consegue conceber que, para possuir-se um lugar, morram tantos homens redimidos por Cristo: “Por defender coisas terrenas, praças ou reinos (pouco importando o que tenham uns ou outros) se derrama tanto sangue cristão, morrem milhares e milhares de homens, gastam os reis suas fazendas, tenham aos pobres súditos oprimidos, cheios de tributos …”.

A preocupação pelos pobres, ao transmitir ao rei as queixas, vexações e trabalhos destes, é outra constante que se adverte nas cartas. Inclusive, chega a dizer que o estado eclesiástico muito pouco sente a necessidade da paz, porque a ele não lhe alcançam as conseqüências da guerra, que tanto afligem aos pobres.

Segundo parece, mais de uma vez sentiu-se Irmã Maria desencorajada e tentada em suspender aquelas cartas, sobretudo vendo a pouca emenda do rei (coisa que a ela não se lhe ocultava, pois estava a par das coisas da Corte); porém lhe sustentou um fogo de ardoroso amor, que ela acreditava infuso, e que lhe impelia a trabalhar por aquela monarquia, cuja causa vinha identificada com a de Deus e a Sua Igreja.

O rei, por sua parte, quase constantemente repete em suas cartas o alívio que recebe com a correspondência de Irmã Maria, o gozo com que toma o trabalho de escrever-lhe, a dita pelo fato de tê-la conhecido, a pena que sente quando a monja tarda em contestar, etc. Sem dúvida, o que confortava e comovia ao rei era, sobretudo, ver a íntima compenetração e o sincero interesse com que aquela alma de Deus se fatigava pelo seu bem e por causa de sua monarquia. Vejamos algumas passagens:

“Em todas as cartas que me escreveis encontro novos motivos de agradecimento, pois reconheço com clareza o amor que me tens e os desejos tão vivos do meu maior bem, tanto espiritual como temporal. Isto me encoraja muito em meio aos cuidados em que me encontro; é grande alívio saber que se tem alguém que os desejava abrandar e que o procura certamente no caminho seguro, como o da oração”.

“Com muita alegria recebi vossa carta, como me sucede com todas as que me escreveis, e que na verdade não encobrem o amor que me tens, desejando meus acertos, pois tudo o que me referis nelas o declaras suficientemente. Eu estimo e agradeço muito, vontando a pedir que continueis esta boa obra que me fazeis, o qual espero me há de valer muito; e não descuideis de trabalhar nem desanime em considerá-los tão humilde instrumento, pois Deus quer mais a estes que aos soberbos”.

Um feito que dilata a finura da alma de Irmã Maria é o absoluto desinteresse com que serviu ao rei. Queremos dizer que nunca se aproveitou de suas relações com ele para receber vantagens a seu favor, de seu convento ou de seus familiares. Ao que parece, o irmão maior da Venerável, Francisco, quis valer-se da influência de sua irmã para chegar a ser bispo; inclusive chegou a ter uma audiência com o rei. Irmã Maria, que não lhe pode fazer desistir de seus intentos, de antemão, avisa ao rei da visita; dize-lhe que lhe dê boas palavras de despedida, mas sem levar a sério suas pretensões.

O EXAME DA INQUISIÇÃO

Nas páginas anteriores temos aludido várias vezes ao interrogatório inquisitorial a que foi submetida a Venerável. A Inquisição espanhola abriu processo pela primeira vez no assunto da Venerável em 1635. Porém, então parece ter limitado-se a fazer algumas perguntas a diversas testemunhas e informantes, caindo a causa em suspenso durante muitos anos.


Porém, em 1649 se retoma o exame. Ao trinitário Padre Antônio Gonzalo Del Moral se lhe manda ir a Ágreda como qualificador do Santo Ofício e interrogar a Venerável diante do notário à base de um questionário de oitenta perguntas, a maioria das quais se referem à suas supostas viagens às Índias. Irmã Maria, reconhece que naqueles anos das exterioridades, como havia ouvido falar da evengelização dos índios, acreditava às vezes ser levada para lá, onde lhes pregava; porém, sempre abrigou dúvidas sobre a realidade de tais fatos. Por outro lado, Benavides e outros Padres respeitáveis deram o fato por incontestável e lhe fizeram firmar o famoso Memorial. Lhe amedrontaram dizendo-lhe “que podia cair na heresia de Pelágio, atribuindo à natureza o que era sobrenatural”. “Me rendi – disse ela – mais à obediência que à razão”. Nas respostas da Venerável vemos o juízo que muitos anos depois tinha ela formado sobre o período das exterioridades. Ao dizer ela aos confessores os os favores que lhe faziam os anjos, lhe ordenavam por obediência que perguntasse os nomes dos ditos anjos, e disse alguns, etc.

Pelo que do interrogatório se deduz, todo este fato das viagens às Índias se originou de uma carta do Padre Francisco Andrés de la Torre, diretor da Venerável, ao Arcebispo do México, dom Francisco Mando de Zúñiga, em que lhe dizia que averiguasse se no Novo México sabiam de uma monja que andava fazendo conversações. Mais tarde veio dali Frei Alonso de Benavides dizendo que, efetivamente, havia sido vista, fornecendo detalhes. Este redigiu um Memorando que foi amplamente difundido. Ao perguntar o qualificador à Irmã Maria porque firmara o Memorando de Benavides, esta argumentou ela que quando o firmou estava turbada, afirmando o que não sabia, e pensava que ela estava errava e eles certos: ao ver-se diante de tantos Padres solenes não supôs fazer outra coisa. Acrescentou que os frades e monjas dispuseram o caderno como quiseram, e de sua informação temerosa fizeram pouco caso. Diziam que tinha temores imprudentes e escrupulosos.

Enfim, acrescentou Irmã Maria, que sobre a questão de ida às Índias mais de uma vez, pensou fazer uma declaração verdadeira por escrito, vendo quão variavelmente falavam, e em algumas coisas exageravam a verdade; porém, crendo que o tempo o esqueceria, tomou o cuidado de queimar os papéis que havia feito.

O qualificador Fr. Antônio Gonzalo del Moral, trinitário, encerra o expediente fazendo uma declaração sobre o alto conceito que se formou da interrogada, desculpando o assunto de ida às Índias pelas circunstâncias em tudo aquilo que se escreveu.

Cabe perguntar o que moveu a Inquisição a prosseguir agora em uma causa que, durante muitos anos, havia permanecido praticamente esquecida. Parece que a ocasião foi a seguinte: o duque de Híjar havia sido processado por conjuração contra o rei, e durante o processo apresentou, a modo de desencargo, uma carta da Venerável. Também o Padre Monterón, franciscano, havia sido posto na prisão porque em seus sermões falava de revelações que anunciavam desgraças ao rei. De fato, no interrogatório, se perguntou à Venerável sobre suas relações com o duque de Híjar e o Padre Monterón.

ÚLTIMA ENFERMIDADE E MORTE
A Venerável sempre teve saúde delicada e padeceu de diversos achaques e enfermidades. Silvela conta das sangrias que menciona em suas cartas, e que somam setenta e uma no espaço de quatorze anos. Em carta de 19 de novembro de 1660 fala ao rei de que padeceu de grande enfermidade, projetou sangue pela boca, etc. Em 16 de junho de 1661, fala de dores de cabeça que resultam a perda da vista, provocando fadigas mortais, etc.

A última enfermidade, segundo o biógrafo, foi ocasionada por uma febre e abscesso no peito. Foram onze dias no total, os que teve de permanecer na cama. Em todos eles, serviu de edificação geral às religiosas, às que, por insinuação do confessor, e vendo que choravam amargamente, falou nestes termos no momento de receber a extrema-unção:

“Irmãs, não façam isso; olhem que não temos tido outro trabalho e que se devem receber com igualdade de ânimo os que Deus envia; se Sua Majestade quer que nos apartemos, cumpra-se sua santíssima vontade. O que eu os rogo é que sirvam ao Senhor, guardando sua santa lei, que sejam perfeitas na observância de sua regra e fiéis esposas de Sua Majestade, e procedam como filhas da Virgem Santíssima, pois sabem o que devemos à nossa Mãe e Prelada. Tenham paz e concórdia entre si e amem-se umas às outras. Guardem seu segredo, afastando-se de criaturas e retirando-se do mundo: deixem-no antes que ele as deixe. Desenganem-se das coisas desta vida e trabalhem enquanto tem tempo; não esperem este último episódio, quando impede o agravamento da enfermidade e prostração da natureza. Cumpram com suas obrigações, que com isso terei eu menos purgatório, de tantos anos de prelada. Se prodecerem assim receberão do Senhor a bênção, que eu lhes dou”. Então, levantando a mão e formando sobre elas o sinal da Cruz, disse: “A virtude, a virtude, a virtude lhes encomendo”. Em seguida, foram chegando sucessivamente uma após outra para pedir-lhe em particular sua bênção, e a cada uma deu a amorosa Madre as advertências e conselhos que em particular lhes convinha, cuja eficácia e acerto maravilhoso, no que a si toca, testifica.

Foi assistida nos últimos momentos pelo Provincial Samaniego e pelo próprio Geral da Ordem, P. Salizanes, que indo de caminho a Santo Domingo da Calçada para presidir o capítulo que tinham de celebrar as províncias de Burgos e Cantabria, se desviou a Ágreda e assim pôde estar presente na morte e exéquias da Venerável. Morreu esta no dia de Pentecostes, 24 de maio de 1665, à hora terça. A suas exéquias concorreu numerosa multidão, pois era geralmente estimada. A poucos meses, como se a falta de sua fiel e sincera amiga lhe tivesse abatido, morria também Felipe IV.

O mosteiro da Concepção de Ágreda, a três séculos destes fatos, manteve viva e operante a recordação da Venerável. Dentro de seus muros se conservam religiosamente numerosos objetos relacionados com ela. Dentre eles, os oito livros da Mística Ciudad, autógrafos e profusão de outros escritos e documentos. O corpo da Venerável, depositado em uma preciosa urna, e o da sua mãe, Catarina de Arana. A tribuna aonde se retirava. A cela que habitou, com duas janelas, uma voltada a Moncayo e outra ao Norte. O hábito franciscano que levava por dentro, além do da sua Ordem Concepcionista. Casulas bordadas por ela, etc., etc. Efetivamente, Irmã Maria foi de reconhecida perícia e habilidade para trabalhos manuais e entendia de panos e telas, como o evidencia na Mística Ciudad ao falar do vestido que com suas mãos fiou e teceu a Virgem para o Menino Jesus. (MCD, P. II, n. 686).

Irmã Maria, como tantos outros casos relevantes da espiritualidade cristã, é a realização mais completa, daquela parábola evangélica segundo a qual da morte brota a vida; da contemplação, à ação; e a prova de que a vida escondida em Cristo é a mola mais poderosa do verdadeiro amor ao próximo.

Sobre a Mística Ciudad de Dios diz sua autora em sua parte III, cap. 23, n. 791: «Esta divina História, como em toda ela fica repetido, deixo escrita por obediência de meus prelados e confessores que governam minha alma, assegurando-me por este meio ser vontade de Deus que a escrevesse e que obedecesse à sua beatíssima Mãe, que por muitos anos me o tem mandado; e ainda que toda posta à censura e juízo de meus confessores, sem ter palavra que não tenham visto e confderido comigo, com tudo isso a sujeito de novo a seu melhor sentir e sobretudo a emenda e correção da Santa Igreja católica romana, a cuja censura e ensinamento, como filha sua, protesto estar sujeita, para crer e ter só aquilo que a mesma santa Igreja nossa Mãe aprovar e crer e para reprovar o que reprovar, porque nesta obediência quero viver e morrer. Amém».


Fontes:

Corpo Incorrupto - Ministério da Educação e Ciência – Madri/Espanha -
http://serbal.pntic.mec.es/~jlacas1/agreda.html

Biografia (idioma espanhol) – Site dos
Franciscanos – Valença/Espanha - http://www.franciscanos.org/enciclopedia/mjagreda.htm

Fonte: