terça-feira, 12 de novembro de 2013

400 años de difíciles vicisitudes y gracias sobrenaturales

 

400 años de difíciles vicisitudes y gracias sobrenaturales

 

400 años de difíciles vicisitudes y gracias sobrenaturales

 

Cuando las monjas Bárbara y Margarita de Jesús Villegas, Ana de los Ángeles y Catarina de Santa Clara salieron de los conventos de la Concepción y la Encarnación para fundar en 1610 el Monasterio de Santa María de Gracia, jamás imaginaron las vicisitudes que sus hermanas religiosas habrían de sufrir y del coraje que han tenido a lo largo de cuatro siglos para permanecer unidas, fieles a la regla y a la vida en comunidad, llevando el monasterio, más que en las piedras: lo han cargado consigo, en los pliegues de sus hábitos y en el fervor de sus corazones.

Fundación
Recuerda la Reverenda Madre Abadesa, María de los Ángeles Preciado, una frase escrita quizá por la madre Teresa o la madre Angélica de Jesús, la cual describe cómo en el siglo XVII “el árbol de la Orden de la Purísima Concepción vio brotar de su tronco una rama, como él, hermosa y fecunda, que dio a la Iglesia flores bellísimas y al cielo frutos de santidad”.

En la bella pintura de Concepción de Ramos que aún conservan las religiosas en su actual monasterio, se percibe un árbol frondoso cuyo tronco es Santa Beatriz de Silva, fundadora de la congregación; la rama madre es el convento de la Concepción fundado en 1540 y de su vara surgen 17 monasterios que llevaron la regla y las constituciones de la orden a casi cada rumbo de la primitiva Ciudad de México, a Puebla de los Ángeles, Guanajuato, a Mérida y hasta Guatemala.
El paso que dieron las monjas Bárbara y Margarita, hijas de don Fernando de Villegas –doctor y rector de la Real Universidad de México- fue el primero de una prolongada marcha hacia la gracia.

Originalmente el monasterio llevó el nombre “Santa María de Gracia”, pues una pequeña y milagrosa escultura de Santa María fue el detonante para la fundación de la nueva comunidad. La historiadora Concepción Amerlink refiere el origen de la imagen: “fue tallada en Granada, España, por un tallador agustino anciano y casi ciego, que dejó pendiente su labor, pues dada su incapacidad visual no lograba dar la expresión de deseaba a María y al Niño, esculpidos en una sola pieza. Una mañana amaneció la talla concluida y al ver el prodigio efectuado los agustinos dieron a la imagen el nombre de Santa María de Gracia y la colocaron en un altar”.

El andariego destino de la imagen comenzaría cuando los frailes la intercambiaron a un moro como rescate de un joven cautivo; el moro vivió una conversión paulatina a pesar de la furia de su mujer quien lo aventó en venganza de un mirador, y el moro fue salvado por la Virgen de la Gracia. Luego, un grupo de españoles pagó el precio de la imagen y la embarcaron a la Nueva España. Tras inusitados hechos en el mar abierto y sin saber el destino de la imagen, los marinos en Veracruz montaron en el lomo de una mula a la venerada imagen y ésta llegó, “de un tirón y sin descanso”, hasta las puertas del Monasterio que las monjas concepcionistas levantaban. Así fue que se le llamó Convento de Santa María de Gracia, al que más tarde se le cambió el nombre por San José de Gracia, al concluir el claustro y el templo.

La vida de una comunidad
En el Monasterio de San José de Gracia la comunidad de concepcionistas vivieron grandes sucesos: una monja sufrió de los estigmas de Cristo en el siglo XVIII, sus consagradas fueron reconocidas prosistas y poetizas, la regiomontana Madre Concepción de la Eucaristía (Emilia García Bocanegra, familiar de Francisco González Bocanegra, autor del Himno Nacional Mexicano) fue pieza clave en la canonización de Santa Beatriz de Silva. La Madre María de los Ángeles Preciado recuerda el sacrificio de su comunidad para ahorrar un peso de víveres y con ello realizar la difusión de la vida y obra de su made fundadora. También es significativa la historia de Sor Magdalena de San José, una humilde campanera del Convento de San José de Gracia, que instauró en el siglo XVIII la veneración a la Divina Infantita, que aunque rechazada en su momento, hoy hay una congregación de religiosas Esclavas de la Inmaculada Niña Divina Infantita, Misioneros de la Natividad de María y la Asociación de Esclavos Seglares de la Inmaculada Niña Divina Infantita.

Las religiosas sufrieron la exclaustración en 1864 y tuvieron que abandonar definitivamente el convento de San José de Gracia. Sin embargo, la comunidad no se extinguió, y algunas jóvenes fueron tomando los hábitos en medio de la incertidumbre que se avecinaba: la persecución religiosa de inicios del siglo XX.

Con la Ley Calles, las monjas de San José de Gracia comenzaron una peregrinación llevando su monasterio de una casa a otra, arriesgando su vida y la de los bienhechores que en algún momento las socorrieron en su errabundo padecer.
El Convento de San José de Gracia fue adquirido en 3 mil 272 pesos en 1871 por la iglesia presbiteriana, en algún momento fue cuartel de policía y escuela. Fue demolido en 1956. En ese tiempo, la abadesa María de los Ángeles Preciado tenía poco de haber ingresado al convento y recuerda cómo fueron rescatando los restos mortales de sus célebres predecesoras de entre los escombros de los que en algún momento pensaron serían “su última morada”.
Hoy, las madres Concepcionistas de San José de Gracia celebran 400 años de unidad ininiterrumpida; tienen su monasterio en la colonia Atacama, en la populosa delegación Iztapalapa, y confían en que con los favores de Santa María de Gracia su comunidad persevere hasta donde sea la voluntad de Dios.

Divina Infantita - Virgen Niña

 

DIVINA INFANTITA
(VIRGEN NIÑA)

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En México capital, en el convento de San José de Gracia, había una comunidad de monjas Concepcionistas, y entre ellas una "lega" llamada Sor Magdalena de San José, ella había sido una joven distinguida, ilustre y rica que por humildad donó su dote a otra joven para que pudiera ser de "coro".

El día de los Santos Reyes del año 1840 estando la madre Magdalena en oración ante el pesebre del Niño Jesús, y mientras adoraba el sagrado misterio tuvo la siguiente inspiración:

¿Por qué a la Santísima Virgen no se la venera también en su nacimiento, y por qué no se le celebra con cantos de alegría como se hace con el Niño Jesús?

Y mientras estaba pensando esto se le apareció la Santísima Virgen Recién Nacida sobre las nubes, acostadita y vestida como una reina y oyó que le decía :

"CONCEDERÉ TODAS LAS GRACIAS QUE ME PIDAN LAS PERSONAS QUE ME HONREN EN MI INFANCIA, PUES ES UNA DEVOCIÓN MUY OLVIDADA".

Profundamente impresionada la madre Magdalena sintió un gran deseo de dar a conocer a la Virgen Recién Nacida; se lo comunicó todo a la abadesa la madre Guadalupe de San Lorenzo. Después le pidió permiso para hacer una imagen como la que ella había visto y le expresó su vehemente deseo de que todos supieran lo que la Virgen le había dicho.

Pero la abadesa, con la intención de probar si todo aquello era realidad, no le hizo mucho caso, pensando que si era verdad y del agrado de Dios ella volvería a insistir en el caso.

Pues así fue, un día la madre Magdalena estaba limpiando la sacristía y se encontró la cabecita de un ángel que antes había sido colateral de la Custodia, y que se había roto. Muy contenta le llevó la cabecita a la abadesa para que le diera permiso para hacer la imagen de la Divina Niña aprovechando la cabecita del ángel. Después de mucho rogar la Madre le dio el permiso e inmediatamente llamaron al escultor. La madre Magdalena le explicó como era la imagen que ella había visto para que la hiciera igual. Y por un precio muy bajo el escultor se la hizo. La imagen quedó preciosa del tamaño de una niña recién nacida.

La llevaron a bendecir, y enseguida la Madre Magdalena llena de fervor y de alegría comenzó a promover el culto de la Divina Infantita, dando a conocer todo cuanto había acontecido cuando ella se encontraba haciendo oración.

Esta devoción de la Virgen en el misterio de su Natividad fue acogida por el pueblo, entre las personas que la iban conociendo renacía un cariño y ternura especial para la Madre pequeñita de Jesús. Se extendió el culto y también las gracias y favores extraordinarios que las personas iban alcanzando de Dios por la intercesión de María Niña.

Sin embargo enseguida llegaron las pruebas, pues las autoridades eclesiásticas prohibieron este culto hasta comprobar su autenticidad.

A pesar de todo la madre Magdalena no se dejó vencer en su profundo amor para con la Divina Niña, y con la ayuda económica de su familia fue a Roma para entrevistarse con su Santidad el Papa Gregorio XVI. Durante la audiencia le expuso a su Santidad todo lo acontecido sobre la aparición y lo que la Virgen le había dicho, y los favores que las personas habían recibido por la intercesión de la Virgen en este misterio de su Natividad.

Aquí de nuevo nuestro Señor probó que era de su agrado esa devoción, ya que la aprobó y hasta la colmó de indulgencias.

Enseguida que volvió la madre Magdalena con este presente de su Santidad, comenzaron a imprimir triduos, novenas, y oraciones en honor de la Divina Niña, que se repartieron por el pueblo mexicano. Comenzaron a festejar todos los días 8 de cada mes, como recuerdo especial a la Virgen Niña, y sobre todo la fiesta principal, la de la Natividad, el 8 de septiembre.

Nuestro Señor hizo verdaderos milagros a través de su Reinita. Entre otros le devolvió la vista a una niña que era ciega y que los médicos habían dejado ya por imposible. Los pecadores volvieron a la fe ; niños enfermos se recuperaron milagrosamente al ser colocados al amparo de la Divina Niña, los adultos, los ancianos, todos los que le pedían al Señor una gracia por la intercesión de su madrecita, la recibían. También acontecimientos curiosos.

La madre Magdalena era muy sencilla y le hacía demostraciones de amor a la Virgen que demostraban cuanto la quería, con este cariño la llamó Divina Infantita, porque decía que era una niña toda de Dios. Le colocó un cuarto al lado del suyo con un letrero que decía :Cuarto de la Divina Infantita. Este cuarto estaba siempre adornado con flores, y mil primores propios de una niñita, con velas, y con todo lo que los devotos le enviaban en señal de agradecimiento.

En la fiesta del 8 de septiembre los señores Obispos celebraban la Eucaristía de Pontifical. Para todo esto los devotos daban donativos, y otras veces la madre Magdalena hacía primores y los rifaba o se los regalaba a los devotos que enseguida le enviaban un donativo. Y así se iba extendiendo este culto tan agradable a los ojos de Dios.

Cuando todo estaba en auge, nuestro Señor llamó para sí a la madre Magdalenita, ella había cumplido su misión y en el año 1859, a la edad de 69 años, abrió sus ojos para la Vida Eterna.

En sus últimos años de vida, le pidió a la abadesa que se encargara de continuar fomentando este culto. Y este fue el deseo de la madre, pero se fueron pasando los años, y como no estaba tranquila porque no había seguido con aquel culto, pensó en hacer una imagen más pequeña y colocarla en una urna para enviarla por las casas de los devotos, ya que en el monasterio era cada vez más difícil continuar con los cultos, y nadie se encargaba de seguir fomentando la devoción entre el pueblo.

Le encargó a un escultor que hiciera otra Divina Infantita pero más pequeñita que la que tenían. El escultor que estaba haciendo un Niño Jesús, quiso transformarlo en la Divina Niña y salió tan fea que la madre Guadalupe no quiso ni que la vieran, y la dejó guardada en su armario durante 20 años. 

PEQUEÑA HISTORIA DE MARÍA DEL ROSARIO ARREVILLAGA ESCALADA Y CÓMO RENACIÓ EL CULTO DE LA DIVINA NIÑA EN MÉXICO

Un año después de la muerte de la Madre Magdalena de San José, el día 12 de Noviembre de 1860, nació una niña que sería la que se encargaría de dar a conocer nuevamente la devoción de la Divina Infantita, y no sólo en México, sino por el mundo.

Vivía en México una familia sencilla y piadosa formada por don Marcos Arrevillaga y por doña Guadalupe Escalada. Habían tenido dos hijitos y una niña a la que llamaron Nicolasita. Pero la niña murió dejando a los padres desconsolados. El deseo de los padres de alcanzar del Señor otra hijita los llevó a proponerse el levantarse todas las madrugadas para rezar el Santo Rosario, y así alcanzar del Cielo otra hija.

Se levantaban todos los días a las 4 de la mañana y le rogaban a la Santísima Virgen que intercediera por ellos ante su hijo Jesús y les concediera la gracia de tan deseada hijita.

Así fue como don Marcos y doña Guadalupe recibieron a su niña como una verdadera bendición del Cielo y al bautizarla le dieron el nombre de María del Rosario, porque realmente había sido hija del Rosario. Y la niña correspondió tan bien a esta devoción de los padres, que dicen que con sólo tres y cinco años de edad ya rezaba perfectamente el Rosario con la letanía y todo.

Cuando María del Rosario era pequeña murió su padre, su madre trabajaba en casa haciendo cuanto podía para sacar a sus hijos adelante. Desde pequeña M. Rosario tenía un don de gentes extraordinario, atrayéndose el cariño y la amistad de todos. Era expresiva, amable y educada, y muy cariñosa con todos los que se encontraba. Todas las personas que la conocían la querían.

Pasado un tiempo su madre se casó nuevamente con un gran ingeniero, don Francisco González Cosío. Pero lo nombraron director de la ferrovía de Oaxaca, al sur de México y se tuvo que ir a vivir lejos de la esposa. Todos los meses le enviaba un dinerillo a su esposa que mal daba para mantenerla a ella y a los hijos del primer matrimonio. Pero con eso y con los trabajos de doña Guadalupe iban saliendo aunque estrechamente.

María del Rosario cantaba muy bien y una amiga la llevaba a veces a cantar en las ceremonias de las religiosas que conocía ; así cuando tenía 19 años su amiga la llevó con las monjas Concepcionistas que vivían en San José de Gracia, en México, pues había Profesiones religiosas, y a partir de ahí la joven M. Rosario empezó a hacer amistad con las monjas y las visitaba de vez en cuando.

Cuando las monjas descubrieron el gran corazón de M. Rosario y la devoción que tenía por la Santísima Virgen y por el Santo Rosario, un día la abadesa decidió enseñarle la imagen de la Divina Niña que mandó hacer en vida la madre Magdalena, aquella imagen primera que era tan preciosa y del tamaño natural de una niña al nacer.

En ese tiempo las monjas ya no vivían en el convento, sino en una casita de la calle del Reloj, pues el Gobierno perseguía a los religiosos y tuvieron que abandonar los conventos, y vivir donde y como podían. Aquella primera imagen tan milagrosa estaba en el pasillo adornada con jarrones de flores muy bonitas y con una lámpara encendida de día y de noche.

Al ver a la Virgen tan chiquitita la emoción de M. Rosario fue tan grande que se puso de rodillas diciéndole: "así es como llena mi corazón" ; y desde aquél día ella se encargó de cuidarla, de arreglarle los jarrones y de que la lámpara estuviera siempre encendida y limpia. Y la mimaba y le hablaba con tal cariño que parecía que veía a la Virgen recién nacida y viva cada vez que se aproximaba a la imagen.

Las monjas al ver en la joven Rosarito aquella devoción y aquella locura de amor que eran cada vez mayores, pensaron regalarle la otra imagen fea que estaba en el armario, pues aunque era feilla y pequeña en definitiva representaba también a la Virgen Niña, y pensaron que a Rosario le gustaría tenerla para ella sola.

Era el mes de octubre, ya habían pasado unos días desde el día del Rosario, y Rosarito fue a visitar a las monjas, al llegar la abadesa le dijo :"mira Rosarito ve a mi armario y verás allí una cosa, y si te gusta te la quedas para ti como regalo de tu Santo y de tu cumpleaños".

M. Rosario fue y encontró a la imagen pequeñita y fea que estaba hasta sin vestir pero que representaba a la Virgen recién nacida, y se conmovió tanto que la cogió con profunda emoción y empezó a hablarle palabras de amor y ternura, y la abrazaba con la misma devoción como si fuera la imagen bonita que conocía hasta entonces, y así llegó donde estaban las monjas llena de alegría y agradecimiento, diciendo que la daría a conocer por el mundo entero, que le construiría un templo en el lugar más importante de México, y que Dios por la intercesión de la Divina Niña haría grandes milagros, que desde las persona más nobles a las más pobres, todas irían a conocerla y se encomendarían a la Ella, y la venerarían como a una Reina, como a una Princesita Celestial... en fin tantas cosas decía que las monjas acabaron por mandarla a su casa para que no dijera más tonterías. Y así con su tesoro en los brazos se fue a su casa y desde ese momento empezó a darla a conocer y a hacer que esa devoción que durante 20 años estuvo apagada volviera a renacer en el corazón del pueblo mexicano.

CÓMO FUE QUE MARIA DEL ROSARIO LE DIO CULTO A LA DIVINA INFANTITA

M. Rosario vistió la imagen de la Divina Infantita como una Reina, y la llevó para bendecirla, después la colocó en un cuarto de su casilla de la calle Verde nº 7 en un barrio lejos del centro de la ciudad.

Le contó a su madre todo lo que pensaba llevar a cabo y los milagros que haría la Divina Infantita y los deseos de construir un Templo en el mejor lugar de México para que honraran la Virgen en su Natividad. Pero su madre lo único que hacía era preocuparse con esas cosas pues viendo los pobres que eran y que apenas tenían medios para vivir, no sabia como su hija iba a llevar a cabo todo lo que soñaba ; además de los sufrimientos que eso iba a suponerle a su hija.

Pero M. Rosario no tenía dinero ni siquiera para comprar aceite para la lámpara de la Divina Niña, y esto la entristecía mucho.

Lloraba amargamente ante la imagen de la Niña y un día llevada por el gran amor que sentía, le dijo a la Virgen : "mira Niña Divina, ya ves que no tengo medios para comprarte tu aceite, para la lámpara, pero yo voy a decir que tu eres muy milagrosa, que te pueden pedir cualquier cosa y que te traigan el aceite para la lámpara y tú, tesoro de mi corazón, haces todo lo que te pidan las personas que vengan con fe, tu se lo pides todo al Señor, por favor".

Con esta extraordinaria sencillez y confianza en la Divina Niña y con la esperanza y fe de que ella haría todo lo que pidieran con fe, se fue a visitar a los vecinos y conocidos, diciéndoles que tenía una imagen de la Virgen recién nacida que era muy milagrosa, que fueran a verla y se encomendaran a ella con fe y que le llevaran aceite para la lamparilla.

Como ya dijimos, María del Rosario era muy sociable, delicada, y atenta con las personas, poseía realmente un gran atractivo, una simpatía extraordinaria, como se suele decir, tenía don de gentes.

Uno de los primeros favores que el Señor concedió en aquel barrio por intercesión de la Divina Infantita fue con un señor que vivía en la esquina de la casa de Rosarito y que era hojalatero. Mª del Rosario lo saludaba todos los días al pasar y un día le dijo : "Mire usted tengo una imagen de la Virgen recién nacida y es muy milagrosa, si usted tiene algún día una pena muy grande o quiere alcanzar algún favor, vaya a casa y pídale lo que quiera con mucha fe y de camino le lleva un poco de aceite para la lamparilla".

Pues este hombre no tardó en ir y pedirle a la Divina Niña lo que deseaba y nuestro Señor por intercesión de la Virgen le concedió lo que pedía y así fue como comenzó a alcanzar alguna fama de milagrosa, y las personas empezaron a visitarla y hacer fila para poder entrar en la casa y rezar.

Estas personas llevan presentes para adornar el cuarto de la Divina Infantita, y así con cosas muy sencillas fueron haciéndole un altar. Rosarito con los donativos compraba cajas de cartón y las forraba con papel brillante, con botellas vacías también forradas de papel hacía candelabros y jarrones, y con otros papeles hacía flores y otros adornos.

Poco a poco no sólo las personas pobres y sencillas de los barrios iban a ver a la Divina Infantita y a encomendarse a Ella, sino que también la aristocracia de México pasó por aquella casita. Así iba realizándose la profecía que Mª del Rosario dijo el día que recibió la imagen de regalo por sus veinte años y su santo.

Las personas que pedían en agradecimiento a la Virgen le regalaban cosas para adornar aquel cuarto, y poco a poco aquel cuarto que estaba adornado con cajas de cartón se fue transformando en un pequeño oratorio, digno de la Reina del cielo. Le regalaron una alfombra roja, unos biombos alrededor del altar, velas que siempre estaban encendidas de día y de noche, aceite de oliva y de ajonjolí para las lámparas de cristal de colores, etc...de esta manera todo tenía un ambiente singular, recogido, donde se sentía una profunda piedad, alegría, recogimiento, y una devoción extraordinaria, lo cual favorecía la oración profunda y silenciosa.

Llegó a tener aquel altar 50 lámparas, en candelabros de cristal y níquel. También la Divina Niña tuvo sus ropitas propias de una Princesita, algunas bordadas en seda, en oro y plata o primorosamente pintadas, le regalaron una cunita de plata y un armario donde guardaba todo lo que tenía. Los devotos agradecidos no sabían que llevarle a la Divina Niña como muestras del amor que sentían por ella y del agradecimiento por los beneficios obtenidos...todo les parecía poco para lo que ella merecía y lo más importante es que no solo le regalaban cosas materiales, sino que ganaba los corazones y el amor de los que la visitaban.

Tal era el amor de Mª del Rosario por la Reinita del cielo que consiguió que se celebrara allí el mes de mayo con solemnidad y devoción, y a pesar de que en México llueve mucho en este mes, siempre estaba la salita llena de personas. Hasta los estudiantes iban a pedirle favores a la Divina Infantita, a veces las personas llegaban de rodillas desde la escalera o desde el pasillo...

La Novena que antecede a la fiesta principal, la del día 8 de septiembre, se celebraba en algunas iglesias con gran fervor, entre las que se repartían todos los devotos ya que en la casita no era posible reunirse todos. En el altar de la Divina Niña nunca faltaban las rosas, que era la flor preferida de Mª del Rosario, porque representaba con ellas las Ave Marías del Santo Rosario, que como sabemos es la oración preferida de Rosarito.

Una de las oraciones que los devotos rezaban para agradecer a la Divina Infantita todos los beneficios, o para conquistarse su corazoncito, era el Rosario de 15 misterios, meditando un poquito en cada uno y el significado que encierran. De ahí sacaban una enseñanza para la vida de cada día. Pero si contáramos todos los milagros que las personas recibieron del Señor por la intercesión de la Divina Niña y por la oración del Rosario se podrían llenar varios libros además de los milagros, anécdotas y acontecimientos maravillosos...

Vamos a referir aquí un acontecimiento que nos demuestra el amor y la sencillez tan grandes que Mª del Rosario tenía para su Niña, y donde se ve como era agradable al Señor todo lo que las personas hacían por la Divina Infantita:

Cuando nuestra joven todavía no tenía medios económicos para ofrecerle a la Divina Niña todo lo que su corazón deseaba y un día que quería adornar el altar con las mejores flores, se fue llorando ante la virgencita y le decía : "mira mi niñita ya que no puedo comprarte ni una flor, voy a ir a la floristería y aspiraré el perfume de los mejores ramos que haya, de las rosas, los nardos, los claveles, las gardenias, y de todo lo que haya y después me vengo corriendo y te traigo todo el perfume para que tu también lo puedas aspirar. Pues así hizo. Se dirigió a la floristería que estaba lejísimos de su casa y tuvo que ir andando porque no tenía para el autobús. Al llegar allí se paseó entre las flores y cogía los ramos como si los fuera a comprar, y los aspiraba con cariño y esmero llenándose lo más posible de los maravillosos olores con la finalidad de llevárselos a su Reinita. En seguida volvió a su casa para derramar todo aquel perfume místicamente guardado en su corazón enamorado.

Llegó ante el altar de la Divina Niña y en medio de lágrimas de amor, hacia como que se lo daba todo a la Virgen. Después de un rato de oración ante María, se fue a almorzar y llamaron a la puerta de la casa, inmediatamente se adelantó a abrir, y se encontró con la criada de una señora que era muy rica y devota de la Divina Niña que en aquel día había recibido un regalo de dos cestas de gardenias y que se acordó en seguida de su Virgencita y pensó enviárselas para que adornaran y perfumaran aquel altar.

Vieron así como nuestro Señor y como nuestra Reina celestial manifestaron que les había agradado aquel gesto tan sencillo de Mª del Rosario, de aspirar el perfume de las flores para derramarlo después a los pies de la Virgen.

ORACIÓN

¡Oh! Santísima Virgen Niña, que viniendo al mundo consolaste la tierra que en Ti saludó la aurora de la Redención por los prodigios de gracia que derramaste entre nosotros, escucha piadosa mis súplicas.

En las penas que me afligen y especialmente en la necesidad que en este momento me oprime, toda mi esperanza está en Ti, ¡oh dulce Virgencita! Muéstrame pues que el tesoro de gracias que dispensas es inagotable, porque ilimitado es tu poder sobre el Corazón paternal de Dios.

Escucha ¡oh Virgen Niña! mi ardiente súplica y alabaré eternamente la bondad de tu Corazón.

Rezar tres Avemarías y una Salve.

También agrada muchísimo a la Virgen Niña el rezo del Santo Rosario.

Museo Sor María Jesús de Ágreda

 

 

Museo Sor María Jesús de Ágreda

El Museo recoge objetos de la venerable (su correspondencia con Felipe IV), algunas obras que escribió, además de retratos reales de la escuela de Velázquez y un aguamanil de plata regalos del rey.
Tarifa
* General: 2 Euros (incluye museo y exposición).

Datos del museo

Tema museo:
personales, religioso, otros, documentos
Fondos:
Se conserva en la iglesia el sepulcro y el cuerpo incorrupto de Sor María Jesús de Ágreda. La iglesia y los retablos son del siglo XVII. El museo contiene escritos y objetos diversos de la venerable monja.

Horario

No hay horario establecido, orientativamente:
Del 1 de Julio al 15 deSeptiembre (Aprox):
De M a D y F de 11:00 a 14:00 / 17:00 a 19:00
Lunes cerrado
Cerrado temporalmente. Abrirá sus puertas del 1 de Julio al 15 de Septiembre (Aprox)

Dirección

Dirección:
  C/ Vozmediano, 29
Provincia:
  Soria
Localidad:
  AGREDA
CP:
  42100
Teléfono:
  976 647095

Turismo Castilla y León

quarta-feira, 6 de novembro de 2013

Monografia Historica de Sahagum

http://www.saber.es/web/biblioteca/libros/monografia-historica-sahagun/monografia-historica-sahagun.pdf

Mártires da Guerra Civil de Espanha do Mosteiro de São José de Madrid

 


Martirizadas a 8 de Novembro de 1936
em Madrid

 

1. Serva de Deus,
madre Maria Isabel do Carmo
(no século Isabel Lacaba Andia)

 
Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 3 Novembro de 1882, em Borja, Zaragoza.
Entrou no Mosteiro com 20 anos (a 4 de Novembro de 1902), tinha 54 anos e 34 de vida monástica quando recebeu o martírio e era a abadessa do Mosteiro.

2. Serva de Deus,
sor Maria Petra Pilar dos Desamparados
(no século Petra Peirós Benito)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 29 de Abril de 1863, em Pamplona, Navarra.
Entrou no Mosteiro com 24 anos (a 28 de Novembro de 1887), tinha 74 anos e 49 de vida monástica quando recebeu o martírio e era a vigária do Mosteiro.

3. Serva de Deus,
sor Maria da Assunção
(no século Eustáquia Monedero)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 20 de Agosto de 1864, em Anaya, Segóvia.
Entrou no Mosteiro com 24 anos (a 28 de Fevereiro de 1889), tinha 72 anos e 46 de vida monástica quando recebeu o martírio.

4. Serva de Deus,
sor Maria do Santíssimo Sacramento
(no século Manuela Prensa Cano)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 25 de Junho de 1888, em El Toboso, Toledo.
Entrou no Mosteiro com 17 anos (a 5 de Abril de 1905), tinha 50 anos e 36 de vida monástica quando recebeu o martírio e era a mestra de noviças.

5. Serva de Deus,
sor Maria Balbina de São José

(no século Balbina Rodríguez Higuera)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 10 de Março de 1886, em Madrid.
Entrou no Mosteiro com 33 anos (em 1919), tinha 48 anos e 17 de vida monástica quando recebeu o martírio.

6. Serva de Deus,
sor Maria Guadalupe da Ascensão

(no século Maria de las Nieves Rodríguez Higuera)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 5 de Agosto de 1892, em Madrid.
Entrou no Mosteiro com 36 anos (em 1928), tinha 44 anos e 8 de vida monástica quando recebeu o martírio.

7. Serva de Deus,
sor Maria Joana de São Miguel

(no século Juana Josefa Ochotorena Arniz)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 27 de Dezembro de 1870, em Arraiza, Navarra.
Entrou no Mosteiro com 18 anos (a 29 de Novembro 1889 tomou hábito), tinha 65 anos e 47 de vida monástica quando recebeu o martírio.

8. Serva de Deus,
sor Maria Basília de Jesus

(no século Basilia Díaz Recio)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 14 de Junho de 1889, em Moradilla del Castillo, Burgos.
Entrou no Mosteiro com 32 anos (a 14 de Julho 1921 tomou hábito), tinha 47 anos e 15 de vida monástica quando recebeu o martírio.

9. Serva de Deus,
sor Maria Clotilde do Pilar

(no século Clotilde Campos Urdiales)


Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 6 de Junho de 1897, em Valdeacón, León.
Entrou no Mosteiro com 26 anos (tomou hábito em Abril de 1924), tinha 39 anos e 12 de vida monástica quando recebeu o martírio.

10. Serva de Deus,
sor Maria Beatriz de Santa Teresa

(no século Narcisa Garcia Villa)

Monja professa da Ordem da Imaculada Conceição, do Mosteiro de São José de Madrid.
Nasceu a 18 de Março de 1908, em Navas de los Caballeros, León.
Entrou no Mosteiro com 16 anos (em 1924), tinha 28 anos e 12 de vida monástica quando recebeu o martírio.
Não se sabe a forma exacta como ocorreu o martírio, contudo podemos reconstruí-la quase conte segurança e certeza, atendendo à forma como naqueles dias decorriam as prisões e os martírios.
Às 4 ou 5 da manhã lia-se a lista dos presos que oficialmente saíam em liberdade, mas que na realidade eram carregados em camiões como gado e assassinados em massa, normalmente por fuzilamentos, nos arredores de Madrid, pelas milícias Comunistas.
O processo de Beatificação e Canonização destas dez mártires Concepcionistas foi instaurado conjuntamente com mais 861 mártires da Guerra Civil de Espanha, com o nome "Eustáquio Nieto Martín e 870 companheiros".

Postulação:
Calle Santo Domingo, 21
45600 Talavera de la Reina (Toledo)
Espanha

Sor María del Santísimo Sacramento, monja concepcionista y «primera religiosa mártir» oriunda de El Toboso, camino a los altares

 

 

Manuela Prensa Cano, que nació en El Toboso el 25 de junio de 1887, es una de las catorce monjas mártires concepcionistas cuyo proceso está a la espera de que el Papa Francisco fije la fecha para su beatificación.

El pasado domingo, la Parroquia de El Toboso (Toledo) vivió un especial acontecimiento de gracia. En el transcurso de la Santa Misa, fue anunciada a toda la comunidad parroquial la pronta beatificación de Manuela Prensa Cano, «Sor María del Santísimo Sacramento», monja que perteneció a la Orden de la Inmaculada Concepción en el Convento de Concepcionistas de San José de Madrid. La noticia la dio el P. Rainerio García de Nava, postulador de la causa de beatificación y autor del libro biográfico «odisea martirial de catorce mártires concepcionistas»
Según García de Nava, «desde febrero del año 2010, la fase diocesana del proceso de beatificación y canonización fue clausurada solemnemente por lo que las Actas del proceso se trasladaron a Roma a la espera de que el Papa Francisco fije la fecha para su beatificación, superados algunos trámites previos. Hasta que llegue ese momento, conviene tener presente que Sor María del Santísimo Sacramento, vuestra paisana, junto a sus compañeras Concepcionistas, es tan santa y eficaz ante Dios como después, cuando la invoquemos como beata. Desde el momento en que su cuerpo cayó pesadamente y sin vida en la tierra, tronchada como azucena por las balas asesinas, redondeó su santidad con el mérito del martirio y ocupa un puesto privilegiado en el cielo, donde para siempre es feliz en la contemplación asombrada de Dios, que la sedujo desde adolescente y fue el supremo sentido de su vida»
Al acto, además del postulador de la causa y del párroco de la localidad, el Rvdo. D. Juan Miguel Romeralo Santiago que presidió la Eucaristía, acudieron familiares próximos a la futura monja beata toboseña que junto a la feligresía presente pudieron adquirir el volumen biográfico editado por la Federación Concepcionista Franciscana de Santa Beatriz en donde aparece la semblanza de Sor María del Santísimo Sacramento, mártir en la contienda civil española de 1936, «cuya vida encarna y es testimonio de los valores humanos y religiosos que los hombres y mujeres de esta sociedad actual desean encontrar pues con su comportamiento heroico, nuestros mártires responden a los que hambrean la regeneración de la sociedad por medio de la vivencia de esos valores, su actitud reconciliadora amorosa y llena de paz, y el radicalismo evangélico de una vida entregada de lleno al seguimiento de Jesucristo»

Biografía
Manuela Prensa Cano nació un 25 de junio del año 1887 en El Toboso. Hija de Manuel Prensa Sánchez y Cirila Cano Casas, fue bautizada al día siguiente de su nacimiento en la Iglesia Parroquial San Antonio Abad. Con tan solo ocho años, se traslada a Madrid junto con sus padres, que pasaron a ser recaderos del convento de monjas Concepcionistas de San José de Madrid. A los 17 años recibe la Confirmación y al año siguiente, con tan solo 18 años, el día 5 de abril de 1905 pide el ingreso en el monasterio de la Orden de la Inmaculada Concepción. El 22 de noviembre de 1906, cuando hace su primera profesión de votos, toma el nombre de Sor María del Santísimo Sacramento, y cuatro años más tarde emitió los votos perpetuos con los que se ligaba al convento perpetuamente. Un año antes falleció su padre.
Aunque nada sabemos de su preparación académica, el Señor la revistió de grandes dotes para la música y el canto así como maestra de solfeo y canto entre las jóvenes del monasterio. Ejerció el oficio de secretaria de la superiora y de la Comunidad, cuya redacción de documentos evidenciaban mucha claridad, inteligente distribución del texto propio de una mente despejada y ordenada. También cultivó una imaginación creativa y brillante empleando infinidad de recursos para dar alegría, novedad y realce a las fiestas y acontecimientos extraordinarios de la Comunidad, y hasta fue directora de escena pues en las entre vísperas de su tormento preparó y dirigió la escenificación del martirio de Santa Inés, preludio de lo que después le tocaría a ella experimentar en carne propia.
Además de sus extraordinarias cualidades humanas y artísticas, Sor María cultivó su alma por medio de una gran vida interior de recogimiento, silencio, siempre dada a la presencia de Dios que la condujo a ser, además de maestra de novicias, un verdadero ángel de consuelo para las más jóvenes en los días previos al martirio por medio de un testimonio y ánimo de superación así como por sus ideas claras de que lo que más les podía suceder en esa situación era la muerte por Cristo y por su fe era el mejor sentido o empleo de la vida, porque les abría las puertas de una existencia feliz e inacabable. Esto sucedió el 8 de noviembre de 1936. Fuente: GARCÍA DE NAVA, R., Odisea Martirial de Catorce Concepcionistas, Lagomar Artes Gráficas, Torrijos (Toledo), 2011. Páginas 73-79.

Aromas de santidad en El Toboso
Sin duda que la Patria de Dulcinea, además de su renombre universal por la obra cervantina, lo es también por seguir siendo un pueblo levítico del que han nacido a lo largo de su historia numerosas vocaciones sacerdotales, misioneras, contemplativas y consagradas. Y de entre todos han surgido hombres y mujeres con fama de santidad. Tras la fundación del Convento de los Padres Agustinos Recoletos, en 1600, la comunidad agustina recibió a los frailes P. Alonso de Guadalupe y P. Agustín de San Ildefonso, los dos toboseños de quienes se inició a mediados del siglo XVIII sus procesos de beatificación, ambos de vida muy ejemplar.
Nada sabemos de las comunidades religiosas de trinitarias y franciscanas de esta época, salvo la de la Venerable Madre Sor Ángela María de la Concepción (1649-1690) que, no siendo de El Toboso, emprendió en este pueblo la reforma recoleta de las trinitarias donde le sorprendió la muerte; mística, escritora, reformadora y fundadora fue iniciado su proceso de canonización.
Será la contienda civil española (1936-1939) la que nos entregue mártires de la fe como fueron los Rvdos. D. Esteban Gómez Pérez, capellán de las franciscanas, y D. José Pilar de Ortega y Martínez, cura de El Toboso. Junto a ellos, también alcanzaron la gloria del martirio Enrique Nieto Martínez, Enrique Olmo Martínez Pantoja, Jaime Martínez Pantoja, José de Diego Cholvi Ortega, Diego Fernández Nieto, Juan Andrés Olmo Ortiz, Marino Olmo Martínez Pantoja, Ángel Ortega Ramírez, Rafael Manzanares Ramírez, Antonio Carrasco Muñoz, Ramón Carrasco Guillén y Leopoldo Pando Patiño (Fuente: CIRAC ESTOPAÑÁN, S., Martirologio de Cuenca - Crónica Diocesana Conquense, Barcelona 1947. Vol., II).
Y esta época también el joven toboseño Fr. P. Román Guillén Argudo, franciscano, (1900-1936) de quien puenden leer una reseña biográfica aquí.
Recientemente, el Fr. P. Manuel Fuentes Porrero (1928-2004), trinitario natural de El Toboso, que murió en 2004 en su Convento que la Orden Trinitaria tiene en Córdoba, ciudad donde fue muy querido, especialmente en su barrio, pues se ganó con toda justicia el ser un hombre popular en el orden cívico, por su trabajo diario hacia los más pobres y por su gran labor social. Igualmente fue reconocido por el pueblo cristiano como una persona santa, pues en su vida practicó las virtudes evangélicas como ser bueno, bondadoso, lleno de humanidad, el ser paciente incluso con sus propios hermanos de orden y siempre presto a dar servicio a los feligreses y vecinos del barrio, pero si hay algo que le caracterizó como seguidor de Jesús de Nazaret fue su especial dedicación y entrega a los más pobres y necesitados. La Santa Sede le concedió, a título póstumo, la medalla “Pro Ecclesia et Pontifice” por su dedicación a la Iglesia y por su forma especial de abnegación y servicio a los pobres y enfermos.